México es un país rico y diverso. Eso es lo que dice la monografía, eso es lo que dice la enciclopedia. Eso es lo que dice el editor 396 de Wikipedia. Y tienen razón. En México pueden concentrarse un número infinito de profesiones, muchas de ellas sin paga.
Por ejemplo, todos conocemos a los profesores que además son taxistas, a las amas de casa que también venden cosméticos y contenedores plásticos, a los biólogos que le cortan el pelo excedente a tu perro en la estética canina de la esquina. Pero no son los únicos. De hecho, la mayoría de la población tiene más de una ocupación.
Una muy popular es la de director técnico del equipo local. O del equipo regional. O de la selección nacional. O de la selección de un país en otro continente. Muchos de los aficionados al soccer hacen sus equipos, los enfrentan contra sus rivales imaginarios y ganan, a diferencia de los reales.
Otro empleo muy difundido es el de investigador CSI al estilo de las series de televisión. Basta con que un crimen se haya cometido en cualquier parte del mundo para que se active esta capacidad en el cerebro de varias personas. Ellos lo resuelven todo, lo saben todo, lo explican todo.
Las personas pueden ser ingenieros, contadores, voladores de Papantla, estudiantes, cantantes, demostradoras de pasillo de supermercado, científicos. Pero siempre tienen dos o tres habilidades escondidas: analistas de política, expertos en mercadotecnia, directores de cine, escritores y diseñadores. Todo al mismo tiempo, todo en el mismo paquete.
Pero hay un común denominador entre todas esas personas que sienten que de verdad pueden analizar el entorno político al tiempo que intentan criticar una obra de arte, se indignan por un crimen, instan a sus compatriotas a donar dinero por una causa en un país a 14 horas de vuelo y le niegan una moneda a algún niño de la calle. Todos ellos tienen una profesión más en común.
Son criadas.
No hablo de las criadas como la gente que va, te limpia la casa y en ocasiones te hace de comer y tú le pagas por sus servicios (y que tiene tanto mérito como el trabajo que hacemos todos). Nah. Hablo de las criadas como esos seres míticos que son rezongones, ven su telenovela a como dé lugar, se acuestan con el hijo de la “siñora” y siempre usan rebozo, trenzas y hablan como la India María. Es decir, el cliché, la construcción del arquetipo. Pero ¿cómo es que estos responsables de cuentas, cajeros de banco, arquitectos, médicos y psicólogos también muestran que son todas unas famullas?
Cuando se pasan dos días hablando de que el responsable de un noticiario podría tener una relación con una excolaboradora. Y cuando sacan esa información de una vomitiva revista de chismes que, por lo que se entiende por la actitud, estos ingenieros, licenciados, doctores, abogados, jamás leerían.