Los Vengadores [Opinión]
Como siempre, esto está libre de spoilers.
Para los no iniciados, The Avengers es un grupo de superhéroes de Marvel Comics. Básicamente y cómo lo repitió una y otra vez Samuel L. Jackson como Nick Fury en su versión Ultimate en los promos de la adaptación cinematográfica, es un grupo de personas extraordinarias que pelearía las batallas que los humanos regulares no podrían. Una suerte de comando ultraespecializado y enriquecido con sueros del supersoldado, ingenio, rayos gamma y poderes más allá de la imaginación.
Primero: no teman. No les han contado toda la película con los clips que han puesto en línea los equipos de Marvel/Disney. Cualquiera nota que vimos, descargamos y desmenuzamos básicamente tres o cuatro secuencias de la cinta. Un poco de problemas para reunirlos. Un poco de problemas entre ellos. Un poco de nalguitas de Scarlett Johansson (el apócope ScarJo me parece vomitivo), un poco de badassery del BMF de nuestros tiempos tarantinescos, precuelescos y, ahora (de nuevo) josswhedonescos. Tan solo la primera secuencia nos quita la duda: hay más que ver. Pero me estoy adelantando.
Después de un intento fallido para entrar a mojar los pantaloncillos como cualquiera que haya crecido comprando cómics traducidos en formato avestruz (compré mi entrada para una versión subtitulada y el personal del cine decidió que la proyectarían doblada porque “casi nadie entra a verla en inglés”), me dispuse a averiguar si había pasado lo mejor o lo peor. Es decir, si Joss Whedon, el JJ Abrams de hace 35 millones de años, había logrado reunir a los Vengadores o si tan solo era un collage de glory shots para el fan. Y sí, tiene mucho de lo segundo, aunque eso no es necesariamente malo.
De acuerdo. Joss Whedon no es el JJ Abrams de hace tres eras glaciales, pero sí es uno de los que les abrió el camino a todos los encargados de las franquicias, ejem, nerds, digamos, que ahora gozan de una salud inmadreable. Con Firefly, su serie de televisión, se convirtió en uno de esos realizadores de culto que son aclamados, amados, recordados… en círculos sociales microscópicos. Déjenme regresar sobre eso y tacharlo. Que eran reconocidos solo en círculos sociales diminutos que ahora se han ampliado. Todavía recuerdo cuando se anunció que tomaría el mando de una serie basada en una película que él mismo había escrito y tremendamente mala, Buffy the Vampire Slayer (¡tenía a Dylan de 90210 en el reparto!) y lo ridículo que sonaba aquello. Varios años después y más allá de la cancelación, el título todavía existe a manera de cómic.
Había un par de preocupaciones en la mente de muchos. Primero: ¿puede funcionar este ecléctico grupo de actores como un equipo? Vamos, cuatro nominados al Oscar (Downey Jr, Renner, Ruffalo y Jackson), una musa de Woody Allen,.un carabonita con la maleta a cuestas de La Antorcha Humana, un actor cuyo papel memorable fue en una serie de comedia de una egresada de Seinfeld, el papá de Jim Kirk en la nueva línea temporal de Star Trek y un actor británico que la mayoría de la gente ubicó por vez primera en Thor. De hecho, en la misma cinta, haciendo honor a la metaficción, se hace esa misma pregunta ¿de verdad este equipo puede volverse eso, un equipo? Y la otra, más en el plano geeky ¿qué tipo de amenaza se necesita para que un dios, un Batman sin la parte psicótica, un all american hero, un arquero (hey, los superhéroes también pueden ser análogos), un Jekyll/Hyde moderno y una asesina profesional se unan para combatirla?
En la primera cuestión entra Whedon. Sus productos (Buffy, Firefly, Dollhouse) tienen características en común. Todos son productos “de ensamble”, el peso cae más en las interacciones de los personajes, en su desarrollo. Como creador, Whedon tiene ello muy bien ensayado. No hay lone wolfs y, cuando los hay, siempre terminan integrándose a las dinámicas. River Tam, Spike. Las historias siempre tienen un elemento fantástico: la porrista que se vuelve cazavampiros, la autómata de carita adorable que te puede patear el culo, la asesina/espía con memoria intercambiable. Y, al mismo tiempo, Whedon siempre atiborra cada una de estas sagas con elementos de cultura pop, referencias a otros medios y one liners ominosos. Y, encima de todo, corazón. Cada uno de los personajes de esos programas de TV tenía una personalidad definida, establecida, estudiada, desarrollada. Mientras que un show que presentaba a un alegre grupo de pistoleros en un western espacial no fue precisamente la píldora que podía tragar el televidente estándar de Fox (de ahí la cancelación), quienes se volvieron asiduos a Firefly lo hicieron por algo que, desde mi punto de vista, Kenneth Branagh no logró del todo en Thor, por ejemplo. Que los protagonistas le importaran al espectador. Que sus luchas internas, sus decisiones, sus muertes fueran un asunto con significado. Con trascendencia. Una buena parte de la película muestra justo eso, las luchas emocionales, los conflictos personales y luego grupales que tiene un grupo de héroes que en el papel han alimentado los sueños y ocupado las tardes de varias generaciones. No es una presentación recontrasobada y manoseada, resulta más bien una redimensión de cada uno de ellos. Un salto del 2D literario en el que se quedaron un par (La Viuda Negra es un buen ejemplo) al 3D cinematográfico. Hey, miren, tienen otras cosas en sus vidas. Motivaciones. Secretos. Necesidades de expiación, de valoración, de redención, de prueba de valía.
En la segunda pregunta, Zak Penn, el guionista (junto con Whedon), que se ha aventado bombas insufribles como Elektra y X-Men: The Last Stand y aciertos muy disfrutables, como X2 y The Incredible Hulk, tuvo muchos puntos a favor en un gran número de secuencias. Pero también tropieza y deja a la deriva detalles que se explican de manera demasiado simple. Demasiado simple en cualquier medio, en cualquier historia y con más razón en un universo en el que hay personas en mallas con poderes ultraterrenos. Pero los puntos a favor sobrepasan a los que están en contra, sin duda.
En The Avengers, ese hilo conductor del resto de las películas del Universo Marvel, Nick Fury, tiene la mierda hasta el cuello. Los estudios del Tesseract, que el fan promedio conoce como el Cubo Cósmico, los han puesto en estado de alerta. Ya saben, el asunto de Prometeo y el fuego, Ícaro y el Sol. El Arca de la Alianza y los Nazis. Ese poder fuera de la comprensión del humano y con el que no debes joder. No es algo nuevo: el cubo aparece en las adaptaciones de Capitán América y Thor. Ya habíamos visto en la segunda (y si no lo saben, brinquen lo siguiente, pero vean el resto de las películas ya) que Loki había sobrevivido a su proverbial caída del reino de Asgard en alguna forma cósmica y que desde la escena al final de los créditos había empezado a hacer rodar la bola de nieve. Loki tiene un ejército, cuya identidad se había guardado hasta hace unos días y que “definitivamente no son los Skrull”, según Whedon, pero según el Universo Ultimate la historia es distinta. Una raza del otro confín del universo que viene a destruir y conquistar. Entonces, es responsabilidad de SHIELD el convocar a los fallidos y falibles héroes, para intentar salvar al mundo. La parte de “falibles” es importante y es una de las razones por las que los lectores de Marvel Comics aman a sus personajes: no tienen la vida resuelta, no son superhumanos y ya. Son seres llenos de inseguridades, de defectos, de cojeras emocionales y sociales. En suma, son un reflejo de cualquiera que pose sus ojos en una de sus historias. Son reflejos del lector, del espectador.
Los egos chocan. Uno de mis temores era evidente para cualquiera: ¿se volverá un Iron Man y sus sorprendentes amigos? La respuesta, sorprendente de hecho, es no. Tony Stark Downey Jr no opaca a sus compañeros y sus colaboradores no son simples títeres. La película no es un mosaico de viñetas en las que las interacciones estén forzadas. Resulta muy refrescante ver una historia de este tipo en la que se pueden ver los puntos de apoyo entre los protagonistas, así como los desencuentros por sus propios equipajes emocionales. Sí, Thor es lo más parecido a una figura mítica y teológica que se puede tener, pero no tiene el cerebro de Stark. Sí, Hawkeye y Black Widow son humanos que pelean con las manos, con armas, con piedras. Pero Hulk no tiene su sentido de la estrategia. Cada engrane se acopla con los otros, cambian de posición, de tempo, de ritmo cada vez que se forman y se diluyen parejas, tríos, quintetos.
De manera individual, cada uno de los personajes exhibe rasgos de su personalidad que no fueron tan evidentes en sus one-shots. Tony Stark ya está aprendiendo a trabajar en equipo. Bruce Banner ya no se transforma en un Goliat verde de manera tan sencilla e incontrolable. Thor ha aprendido de sus errores. El Cap America es uno de esos republicanos irredentos que se compran un rifle para “proteger su casa” y el combo Black Widow/Hawkeye tienen más profundidad que la de sus cameos.
Los últimos 40 minutos de la cinta son lo que cualquiera que quiere sentarse a comer palomitas y reír, gritar y emocionarse espera de una cinta veraniega. Cada uno realiza su parte, cada uno tiene su momento de gloria. Cada personaje que tiene algo que redimir, lo hace, lo logra. El equipo funciona. La dinámica entre ellos se activa. El planeta (ok, Nueva York y, ok, ok, Manhattan) vuelve quedar hecho mierda, pero no en el punto en el que no se pueda volver a edificar, a construir. A renacer. Y Whedon, famoso por no tomarse a si mismo demasiado en serio, espolvorea momentos de humor alocado, de sentimiento whedonesco y comicbooky que el espectador agradece con risas, con expresiones de asombro.Toda la batalla va en un crescendo que te deja con las nalguitas bien puestas en el asiento, la boca abierta y la sonrisa sencilla, otorgada con gusto.
Para los comic nazis, esos que acuden a las conferencias para preguntarle a un autor por qué en la página 27 de la Saga de lo Que Quieran hay un trazo más delgado que en la 13 del siguiente número y que preparan su teas (virtuales, claro) para sacrificar a directores y guionistas porque el origen de los personajes, el grupo o la mascota de alguno de ellos no fue respetado, tengan calma. Este no es el cómic, este no es el autor original, esto es una adaptación. Esa es la palabra clave, no es una calca, porque además ese mismo universo tiene muchas variaciones. Es como quejarse que la historia de Hermione y los elfos domésticos nunca se tocó en las adaptaciones de Harry Potter o que Peter Parker se peina de otra manera. Es una batalla que nunca van a ganar porque, ja, esta película no es solo para ustedes. Es para los niños que están por llenar las salas, para los estudiantes que tienen un par de horas libres después de la escuela, para los novios que van a ir a fajar al cine, para ganar dinero. Entonces, debe apelar a un gran número de personas.
El veredicto vayan al cine. Coman palomitas. Rían, aplaudan, enamórense de los personajes. No es una película que vaya a cambiar al mundo y tampoco la historia del cine. Pero sí es muy divertida, con un poco más de carnita de la habitual para el cine de superhéroes. Y definitivamente me la compraré en edición triple con Ultraviolet, Blu-ray, DVD y VHS si se les ocurre armar un paquete vintage.
Eso sí: no la vean en 3D, IMAX ni ninguna combinación del estilo. La conversión no le ayuda en mucho y, si se sentaron a ver Hugo, esto les va a parecer un chiste. Vayan a una sala regular, como en esos días de antaño. Tiene momentos para todos los gustos. Ah y quédense al final de los créditos. Y si tienen dudas después de ello, ya saben, pueden enviarlas al correo (alexserna@laberintobbs.com), dejar un comentario o preguntar vía Twitter a cualquiera de los integrantes de Mongo. Bueno, a Daniel y a Monz que son los expertos en cómics.
The Avengers did assemble.


