Cursi
Acúsome, padre, de haber incurrido en el pecado de la cursilería. Constantemente. Bueno, no diario, no todos los meses. Pero no tengo problema con serlo. Ahora, cada quien tiene su propia concepción del término, según su personalidad, background y otro montón de cosas que no quiero explicar por flojera o de plano ignoro por completo.
Lo que no hago es ser cursi según lo que dicen Hallmark, los Burundis o la marca de tarjetas de felicitación que esté de moda en este momento. Noten que mencioné los Burundis e imaginen hace cuanto no he visto una de esas cosas. No por una convicción idiota y mal conceptualizada de “yo tengo que ser bien original” (porque ninguno de nosotros lo es, pero de eso hablaré en algún otro post) sino por esa estúpida y loca idea que algunas personas tenemos: ser como somos.
Entonces, mi versión de lo cursi es distinta a la tuya, amiguito poncroquer o a la tuya, amiguita popjor. Sí, tengo, como muchos, la tendencia a usar nombres azucarados en diminutivos de locura. Pero nunca el mismo para diferentes personas. No es algo planeado, es algo que ha sucedido así nada más, de la nada, por generación espontánea. Por obra y gracia del álter ego del beibiyisus y gotjimselv.
Nunca soy cursi nada más porque sí. Es decir, no ando por la vida colgando Cupidos ni poniéndole merengue hasta a las banquetas. Yo confieso, padremío, que sólo soy cursi cuando estoy enamorado. Realmente enamorado. Y sólo lo dirijo hacia la persona de mis afectos, no lo ando regando por todos lados. No llego con mis amigos a decirles “¿no está precioso el cielo esta tarde?” Ni tampoco, en estos tiempos en los que la gente cree que se entera de todo lo que haces, lo pongo en Twitter, Facebook, hi5, WordPress, Blogger, TwitPic ni en mi mensaje personal en los tres IM que tengo abiertos regularmente. Porque no es asunto de nadie fuera de los que estamos implicados.
Sí, lo cursi es el exceso, la saturación, lo barroco. Pero no empalaga, al menos no a mí. Simplemente distribuyes la dosis diaria en pequeños paquetes. Creo. Depende de cómo sea la relación entre ese pedacitodenube y tú, de lo que piensan por separado, de los puntos en los que coinciden. Del clima, la posibilidad de lluvia, el tráfico y las horas de entrada y salida del trabajo. Y todo lo que está enmedio.
De lo que simplemente y sin razón, sucede.
Anoche, en el zapping, vi un poco de El Pantera, un poco de House, otro tanto de Harry Potter. Se me atravesó Stranger Than Fiction, una de las pocas películas en las que soporto (y de hecho admiro) a Will Ferrell. Tiene todos los elementos para que yo, en mi acre actitud, la odiase con fervor. Pero el guión es extraordinario, las actuaciones muy buenas (de nuevo, WF me sorprendió) y está llena de citas citables (“no necesito un parche de nicotina, Penny. Fumo cigarrillos”). Pero la verdad es que es una película terriblemente cursi. Digo que, anoche mientras daba botonazos en random, me tropecé con ella. Por casualidad, por azar.
Cambié el canal. Terminé de ver House, un capítulo viejo. Salí al OXXO local, compré galletas y un café de máquina. Con rompope. Sí, hubiese preferido el caramelmaquiato o el chailatedobleshot. Pero es un poco difícil encontrar un Starbucks abierto a la una de la mañana. Entré a mi casa y regresó la lluvia que se había ido por unos minutos. Saqué el DVD de Stranger Than Fiction (porque quería verla en widescreen y desde el principio), la vieja operación de tomar el perímetro con los dedos, ponerlo en la charola, presionar open/close, video 2, tratar de darle fast forward a los anuncios institucionales, apagar la luz. En esos tiempos en los que la gente cree enterarse de todo, aunque en realidad sólo sepan lo que pones en menos de 140 caracteres, escribir ciertas citas de la película en Twitter. Encender un cigarro para que el torrente de miel no me arrastre desde que el Señor Crick le lleva flours a la señorita Pascal hasta la escena definitiva, en donde por fin, Crick se deja ir y toca la guitarra y canta esto
Joder. Enorme momento. Esa es la parte que amo de la película, por sobre todas las demás, que también son entrañables para mí, por un montón de razones que no escribiré hoy. Tal vez tampoco mañana. No es el tradicional momento Titanic o Telenovela de Carla Estrada. Si lo simplificamos, es una escena en donde dos personas se dicen “sí”. Y todo lo demás son florituras, pero muy bien hechas. Es merengue, pero puesto en donde va. Es subrayar con marcatextos algo que todos sabemos.
El amor todo lo llena, todo lo cura. Soy un gran fan del amor.
I’d go the whole wide world
I’d go the whole wide world
Just to find her
Irremediablemente me acuerdo de los estúpidos de spots de la nueva amor, dicen cada pendejada ¬¬
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Las cursilerías que nos intentan vender son sólo clichés disfrazados de Wamba
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¿Qué es ‘Wamba’?
Wamba es una de tantos personajes que usualmente adornan los regalos del 14 de Febrero.
http://gusanito.com/esp/
Ahora imaginate un globo con la frase “Te quiero muuuuuucho” dicha por la vaca
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La pasaron ayer en el canal Sony a las 10 o a las 9, me gusto bastante
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Esa y la escena de Eiffel escribiendo el final de la novela son de mis favoritas.
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la voy a ver! maniana mismo … la curiosidad de ver que puede estremecer a un hombre-cursi-machin, me mata! ja! Por cierto, me gusta lo que escribes!
Chao
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Gracias por lo último. Duda ¿yo soy un hombre cursi/machín? ¿En serio?