Moebius
Cuando era niño, a veces me entretenía armando bandas de Moebius. Una a la vez, claro, no necesitaba varias. Sí, suena aburrido, lo sé, pero cuando tienes ocho años, se te acabaron los libros y no te interesa salir a jugar con los vecinos, es un gran entretenimiento. Por unos minutos, claro. Digo que tomaba una tira de papel, la torcía, pegaba los bordes y empezaba a pasar mi dedo a todo lo largo. Siempre llegaba al mismo sitio, como debía ser. No recuerdo en dónde la vi por primera vez.
Tengo veinticinco años y pienso en la banda de Moebius mientras escucho a No Propiamente Ex hablar de lo mal que la trata su flamante novio. Ya he estado sentado ahí, en ese mismo restaurante, con ese café malo, fruta nada fresca y los asquerosos Viceroy que ella fumaba, escuchando que yo la trataba demasiado bien. Y leyendo recaditos que me dejaba en una libreta que cargaba a todos lados. Me escribía ‘te quiero’, pero con las letras en espejo, cuando me levantaba al baño.
Estoy en la secundaria. Por cuarta vez en el día, pido permiso de ir al baño. Tiene sus ventajas ser amigo del jefe de grupo. De esas visitas, sólo una ha sido para orinar. En todas, me lavo las manos meticulosamente, uso jabón, las enjuago, más jabón, más agua. Con las manos húmedas todavía, me arreglo el cabello. Todavía no uso gel. Regreso, me siento en mi lugar, me pongo el portafolio en las piernas para que nadie frente a mí sepa lo que estoy haciendo. Y no estoy haciendo nada.
“Play” El disco empieza a girar. En el display, aparece el número de pista en gloriosos caracteres negros. Mis audífonos son de diadema, Sony, negros. No los que venían con el Discman, debo decir, porque siempre los rompo. El disco gira y se hace notar sonoramente cuando presiono “Next”. Camino por una calle en Coyoacán. Voy saliendo de la preparatoria y creo que tener un disco entero en un dispositivo que sólo usa cuatro baterías AA es el pináculo de la tecnología.
“Me tratas demasiado bien, Ale” Es la única persona, fuera de mi familia, a quien le permito que me llame así. “Y no lo merezco”, remata. Yo tomo la azucarera y empiezo a vaciar algo de su contenido, sin usar la cuchara, en este café. Nunca había venido a este restaurante. Me parece malo. No tengo cigarros y ella me da un Viceroy. Me provoca dolor de cabeza. El mesero viene con fruta, con jugo, con pan miniatura. Pido más café, saco un cuaderno que acabo de comprar y hago garabatos. “Yo tendría que decidir si lo mereces o no ¿no crees?” “Ay, Ale”, dice, con ese tono que confirma lo que ambos sabemos. Esto se va a ir al carajo pronto.
Camino después de salir de la matiné del CNA, con Novia Casiesposa. Es ridículo, pero creo que he soñado estas calles. La tomo de la mano y pienso que no quiero estar con nadie más en toda mi vida. De hecho, creo que lo digo en voz alta: “Novia, sólo quiero estar contigo el resto de mi vida” Nos besamos. Compramos un pastelito para cada uno en la panadería habitual. A lo lejos se ve Tlalpan. Nos quedamos dormidos en el camión. Voy a ser médico, estoy vestido de blanco por completo.
“Hola, te escribo para pedir informes del departamento cercano a Coyoacán y al CNA. Escribo, a eso me dedico. Nos vemos el viernes para checar el departamento”
Yo sabía volar. Yo sé cómo hacer esto, no puede ser que sólo me eleve hasta aquí. Eso pienso dentro de mi sueño, cuando apenas logro flotar hasta la altura de los cables de energía. Por más que pujo y pataleo, no logro más altura y soy inestable. Paso enfrente de una panadería. Luego, cambio al sueño recurrente en donde soy dueño de una fábrica, todo empieza a colapsar y la gente muere enterrada en los escombros. Tengo siete años y nunca he estado en una fábrica.
“Play”. El disco empieza a girar. “Next” un par de veces. El disco gira, pero no alcanzo a escucharlo. Estoy frente a mi quinta computadora personal en seis años. Veo el arte del album en la pantalla, contesto una llamada por Skype, convierto videos al formato DVD. Platico con mis amigos. Muevo canciones a mi reproductor de música digital, que me parece algo viejo y sé que no es el pináculo de la tecnología. Eso lo presentarán el mes que entra. Y luego, el mes siguiente, algo mejor. Y de nuevo tres meses después. No quiero dejar de perseguir esa quimera.
-“¿Y tú como te llamas?”
-“Alejandro. Puedes decirme Alex, Alejandro. Hasta Lex. Pero no me llames Ale. Me caga”
-“Ok, no lo haré”
A fin de cuentas creo que la banda esa recicla las cosas. Hiciste un post moebius.
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Es curioso como uno deja entrar en la propia vida cierta cantidad de personas y cosas, y deja ir otras tantas.
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No sé que es una banda moebius. Me gustó tu post, a pesar de que dices que no hablas de tu vida personal lo haces un poco ^^
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Que chingón post. Neta
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Que gran post Lex.
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Creo que es el mejor post que te he leido.
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Es Lex hablando como el Dr. Manhattan.
Buen post
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Me gusto mucho este post Lex, gracias.
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A que divertido es tener esos momentos en la vida, cuando crees que las canas o las ojeras te dicen que has cambiado y madurado, son pequeños detalles y circunstancias te dicen que no, que solamente eres más viejo, más gordo e igualmente necio y cínico que hace 15 años.
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