Mi manera de acceder a los recuerdos ha cambiado. Antes, sacaba una caja/bolsa llena de cartas, recados furtivos en clase, dulces con fecha de caducidad de un par de años antes y envolturas de regalos. Además, tenía una agenda en la que pegaba los boletos del cine a donde había ido a ver una película. Algunas páginas tenían hasta cuatro entradas.
Si quería ponerme en el mood por completo, sacaba un mixtape, que alguien había armado pensando específicamente en mí, apretando Rec+Play, luego ‘II’ al terminarse alguna canción. Tendría mi nombre y tal vez la fecha. Las canciones saltarían de Frank Sinatra a Alejandro Sanz y después a Depeche Mode.
Desenvolver las cartas era sencillo. Verán, siempre he sido un troglodita y, al parecer, la gente lo notaba. Entonces hacían papiroflexia con los recaditos, porque sabían que terminarían rotos por mis toscas manos de hombre de las cavernas.Tomaba esa paleta de chocolate blanco y me preguntaba si aún sería comestible y, de no serlo, cuáles serían los efectos secundarios. Dudaría de mi memoria en ciertas películas de la agenda. Por ejemplo, sé que vi ‘Sirenas’ con Hugh Grant, pero ignoro por completo la trama. Me daría cuenta de que mi letra no había sufrido grandes cambios desde la secundaria. Haría todo mientras tomaba un café, le daba vuelta al casete, regresaba ítem por ítem todo a su lugar.
Ahora lo hago introduciendo un término de búsqueda en mi cuenta de correo electrónico, que tiene más capacidad de almacenaje que mi primera unidad USB, encuentro cosas específicas ordenadas por fecha. Escucho a dos grupos en particular. No desdoblo nada, doy clic. El reproductor está programado para pasar las canciones en aleatorio y repetirlas hasta la siguiente llegada de Jesús El Cristo. En esa parte de la agenda hay sólo dos películas, pero la verdad es que ya no hay agenda, ya no guardo los boletos. Y, al final, nada sale de su librero, de su cajón, de su bolsa.
No me quejo. A menos de que haya un colapso informático mundial, mis recuerdos están seguros. Pero están en un baúl que no pesa.







Pero nada cómo volver a leer esa carta que nos hace recordar tantas cosas, sentir el papel y desdoblarlo con mucho cuidado, ahora hay que tener cuidado de no dar delete a esa carpeta dónde está guardados esos tanto y tantos recuerdos.
Like or Dislike:
0
0
Mi opinión es que sigue siendo un gran acontecimiento leer u observar algo que alguién hizo para ti de la manera “artesanal”, ahora, es cierto, todo es diferente, pero no por eso un mail tiene menos valor que una carta, o una playlist menos que un casete.
Like or Dislike:
0
0
Yo aún guardo cosas que son especiales para mi, incluyendo boletos de cine, aunque la música siempre funciona mejor conmigo si quiero recordar algo
Like or Dislike:
0
0
prednisone %)) propecia wnv
Like or Dislike:
0
0