La mayoría de las veces, no me toca escribir nada de trabajo que tenga un componente altamente personal. Me refiero a cosas de trabajo. Actualmente, escribo algo acerca del SIDA. Y no puedo evitar pensar en mi experiencia cercana con esa terrible, terrible enfermedad, sobre todo en este día que ya se termina.
Voy a contarles algo que raramente ha salido del círculo familiar: mi tío favorito murió de causas relacionadas con este síndrome perverso que parece sacado de una película de ciencia ficción. Y es que imaginen, por un momento, que te dicen que no puedes tener relaciones sexuales nunca más sin ponerte un condón, a menos de que tu pareja (y tú, claro) se hagan pruebas de sangre. Ahora es relativamente habitual, pero hace 25, 30 años, era impensable.
Saber que uno de tus familiares tiene el virus te deja frío, en un estado catatónico del que es muy difícil salir. Supongo que es similar para aquellos que reciben estos diagnósticos que parecen sentencias de muerte. Digo que parecen, porque muchos han podido sobrevivir al virus sin tener la mayoría de los síntomas desgastantes que van apareciendo.
Yo era un adolescente cuando me enteré. Mi tío fue quien me hizo ser fan de las pelìculas de terror cuando era niño y de quien aprendí ese ‘hacerse responsable’ de lo que realizas en tu trabajo. No quiero decir que era la persona más maravillosa de este mundo, porque es el cliché en el que caemos cuando alguien se nos va. Lo que sí puedo decirles es que era un tipo genial.
Me preocupa, por las estadísticas que he estado revisando en estos días, esa tendencia a dejar de usar un condón. Un condón, que te regalan a la entrada de la universidad o en los centros de salud. O que cuestan tan poco. Los jóvenes, y me refiero a la generación de los 15-19 no tienen en su mayoría la conciencia de que sí, hay varias cosas allá afuera que pueden hacerte daño. Pueden matarte, de hecho. Porque sí, es una enfermedad que mata, que desequilibra familias enteras, que es muy agresiva cuando se manifiesta. Yo lo vi, amables lectores. Yo estuve ahí. Mi familia inmediata tuvo que hacerse fuerte en un momento en el que te dan ganas de bajar los brazos y mandarlo todo al demonio.
Pero no mi tío. Peleó contra el virus todo lo que pudo, hasta que sus 100 kilos de peso se volvieron 45, hasta que su voz potente, que adornaba las tardes de domingo en la parroquia local, se hizo un suspiro doloroso. Hasta que regresó a un estado en el que era como un niño que no podía valerse por sí mismo.
Hasta que nuestros cuidados (porque sí, yo también participaba) fueron insuficientes. Luego, la rutina de ir al hospital, cuidarlo, verlo con máscaras de oxígeno. Eso ya no me tocó, mis papás decidieron que era más de lo que yo hubiese podido soportar. Y tal vez tenían razón. Fue uno de esos momentos en los que me di cuenta de lo realmente frágiles que somos, la incapacidad que tenemos de resolver situaciones que nos rebasan. El pequeño infierno en la Tierra que significa saber que, poco a poco, ves a alguien que amas morirse de una manera en que nadie debería morir.
Yo lo sé, yo he estado ahí. Yo perdí a alguien a quien amaba (porque, hey, yo amo enormemente a mi familia) e irse de a poquito, lo vi sufrir, lo vi llorar de impotencia por no poder hacer todo lo que quería hacer. Por dejar sin un hijo a mis abuelitos, sin un hermano a mi mamá, sin un tío a nosotros. Por irse de este mundo cuando no quería irse.
Una tarde, mi abuelita llegó de verlo. Soltó un “ya” ahogado. El mundo se nos hizo pedazos y nada ha vuelto a ser igual. No digo que no lo hayamos sobrevivido, lo hicimos. Lo recordamos con un cariño tremendo, con un amor inconmensurable. Ya (casi) no nos ponemos tristes cuando pensamos en él, sino que agradecemos el tiempo que nos tocó estar en el mismo plano, en el mismo mundo. Pero, sí, hay un hueco que no hay cómo llenar, eso es definitivo.
La primera ofrenda que ha puesto mi hermana, en su vida de casada, tuvo a quienes se nos han ido. Me gusta esa tradición de honrar a esos que nos marcaron la vida, a esos que fueron como una estrella fugaz, que brillaron intensamente y se apagaron de improviso.
El consejo, entonces, lectores y lectoras que me hacen el favor de seguir este blog que generalmente habla de cosas banales, es que se cuiden. No hagan caso a esas patrañas que, de manera preocupante, se han comentado de boca en boca, eso de que en realidad el VIH es falso, que nadie se contagia, que fue todo un ardid.
Yo lo sé, yo estuve ahí. Yo perdí a alguien, como muchos han perdido a sus hermanos, a sus padres, a sus parejas.
Cuídense, amiguitos. Un simple trozo de látex, que les regalan en cualquier lugar o que les cuesta poco más que una cajetilla de cigarros, en paquete de tres, puede salvarles la vida. Suena a cliché en estos días, pero es completamente cierto. Infórmense, sean precavidos, porque en este planeta siempre hay a quien le van a hacer falta.
Alejandro Serna-1 de diciembre de 2009






He sentido ese mismo dolor en un familiar… aquí no fue el SIDA sino el cigarro, el cigarro que se volvió cáncer… no es lindo vivir eso, no se le desea a nadie, incluso al peor enemigo.
Tristemente no se le da importancia suficiente, así como dices: “…porque en este planeta siempre hay a quien le van a hacer falta”.
Y en seguida alguien dice: “un ratito”, “sólo la puntita” … y se “hace” luego terminan con un cigarro… (u.u)
Todos sabemos el daño que nos pueden causar las decisiones que tomamos, aunque cada quien tiene un grado distinto de inteligencia…
Like or Dislike:
0
0
Mi experiencia no tiene que ver con el SIDA, si con la muerte y es reciente. Este lunes por la mañana falleció un tío, padrino de mi mujer en la madrugada de un derrame cerebral. Nos avisaron a eso de las 06:00 hrs. justo cuando me preparaba para salir al trabajo.
No voy a decir que lo extraño (sólo lo suficiente ya que lo conocía y conviví bastante con él y su familia), ya que no era mi pariente cercano, pero sé que era una persona bastante importante para mi mujer, el más grande de 5 hermanos y un gran doctor.
Lo que aquí me interesa subrayar es que era una persona joven (55 años), acababa de jubilarse este año de dar clases como maestro en la UNAM, uno de sus hijos acababa de casarse este año, otro más empezó sus arreglos para irse a estudiar al extranjero y el otro va bastante bien en la escuela, él en estas vacaciones arregló su casa, la pintó, hizo todos los pendientes que tenía que por diversas situaciones no había hecho y se estaba preparando con su esposa para irse de vacaciones a Europa en enero de 2010. Y comimos juntos apenas este sábado y hablamos todavía por teléfono este domingo. Y desde ayer lunes ya no está con nosotros.
Es raro y curioso ver como de un momento a otro, esa persona ya no está. Ya no puedes hablar por teléfono, mandarle un SMS o un e-mail o ir a visitarlo para ir a comer o convivir un rato.
Que curioso que no dejó nada pendiente. Como si estuviera “planeando” irse y no dejar problemas a su familia, ya que inclusive los gastos funerarios los había terminado de pagar hace poco con esos “planes a futuro” que tienen estos lugares.
Me siento triste por la familia de mi esposa y por ella obviamente, por lo que representaba él en su vida, pero a mí me invade en estos momentos esa sensación de que alguien falta y que me hubiera gustado platicar de algo con él. No se de qué, pero de algo, por que estoy seguro que consejos me pudo haber dado muchos, pero no hablar de eso precisamente. Me siento como que pude haber hecho más con esa persona, conocerla más.
Hoy ya no puedo y no voy a salir con el cliché, de que hay que vivir los días al máximo ya que no concuerdo con la idea de que el mundo se puede acabar mañana y si no se acaba, hay que empezar de cero nuevamente, pero si estoy de acuerdo en que hay que vivirlos intensamente y sobre todo tratar de no dejar nada para mañana.
Creo que ya me extendí demasiado, así que terminaré esto con un: hablánle a todos sus amigos y familiares este fin de semana o cuando tengan un tiempo; nunca sabemos cuando vaya a ser la última vez que hablemos o los volvamos a ver.
Saludos a todos y gracias por el post, muy buen Lex.
Like or Dislike:
0
0
Ese precisamente es el problema, no hay esa cultura de responsabilidad, y muchos piensa “a mi no me pasa”, y es entonces cuando te llevas la amarga sorpresa.
Like or Dislike:
0
0
verga! en realidad te mueres y se mueren de lo que menos esperan.
Like or Dislike:
0
0