La culpa ha sido tuya
Cuando entré a estudiar Comunicación, uno de los comentarios frecuentes fue: “ah, te vas a ir a hacer telenovelas”. La gente que me lo decía actuaba como si fuese un insulto y esperaban una retahíla de que jamás les recetaba. Yo veía telenovelas. Ahora no tengo mucho tiempo, así que veo uno o dos episodios (de 150) y me doy una idea de lo que trata la historia. Sigo sin negar que veo ese tipo de programas de vez en cuando, ¿por qué habría de hacerlo? En contraste, tengo compañeros de generación que de una manera apasionada y ofendida, juraban que no veían televisión. Nada. Ni las noticias. ¿por qué? Bueh, porque se me ocurrió que era buena idea hacer la carrera en una universidad en la que muchos sienten la obligación de volverse una suerte de neorrevolucionarios de bajo nivel que hacen “kilómetros” de moneditas para sacar a alguien de la cárcel o “apoyan” al huevonsísimo sindicato cuando quiere hacer una huelga.
Varios de ellos terminaron trabajando en alguna televisora o en empresas trasnacionales monstruosas. Yo creo que nunca habían sido tan felices como cada vez que llega la paga y piden zapatos carísimos de alguna tienda online. Pero no se me olvidan sus consignas y estupideces preprogramadas, porque las veo repetidas regularmente en mis redes sociales. Pareciera que me persiguen. ¿Cuál es el común denominador? Echarle la culpa a alguien más de cualquier cosa. Lo que sea, en serio.
La televisión idiotiza a la gente. Este es uno de los clichés más tarados que he leído en mi vida y miren que he leído estupideces. No falta el lector de La Jornada o el admirador de Rius o Magú que se queja amargamente de que la tele abierta nacional pasa telenovelas o programas de comedia. Hasta ahí vamos bien, creo que el televidente está en completa libertad de pedir qué es lo que quiere ver en su TV. ¿Cuál es el problema? Que inmediatamente estos abortos del CGH añaden que TV Azteca o Televisa hacen que la gente, que el tan cacareado “pueblo” sea imbécil. Primero parece que no se dan cuenta de que quieren “defender” a sus hermanos-mexicanos-bienvenidos-paisanos diciéndoles ‘pendejos’ y, segundo, ¿qué tipo de poderes especiales tiene esa Sony, esa JVC, esa Zenith o Panasonic como para afectar profundamente la capacidad cognitiva del espectador? ¿Por qué necesariamente el ver a López-Dóriga o el final de la telenovela te baja puntos de IQ? Además, los paladines de la sociedad lo plantean como si “el resto” de la gente estuviera encerrada a lo Naranja Mecánica y les aplicaran la Ludovico. O como si, al apretar el botón de ‘apagado’, la tele les diera un toque o una bolita de queso cuando sintonizaran cualquier canal menos el 22 (que, acá entre nos, casi siempre está de hueva). Dos bolitas de queso por ver a Juan del Diablo versión tercera edad y cinco bolitas por ver ‘el clásico’.
Estoy enfermo por su culpa. Miren, yo soy un tipo que fuma regularmente. Soy inconstante, así que a veces será una cajetilla por semana y otras será el doble. En otro momento, serán cero cigarros en siete días. Todo depende de si se me antoja o no. Sé perfectamente que el riesgo de generar cáncer o enfisema es alto, además de otras linduras que aparecen por andar con un cilindro de tabaco y veneno en la boca. Un día, hace algunos años, me puse a ver algo de Michael Moore, seguramente su programa de TV. Salió un grupo de personas que habían perdido la laringe por meterse veinticinco cigarros diarios, en la tradición cirquera y espectacular de Moore, afuera de una tabacalera. A ver ¿si se notó arriba que dije que estoy cierto de los riesgos posibles, verdad? Es algo que nunca voy a hacer, echarle la culpa a la British American Tobacco si llego a tener alguno de esos padecimientos. ¿A poco no es de descerebrados? Es como si fuera a las oficinas corporativas de Bimbo y exigiera la cabeza del Osito porque su panqué mármol está muy rico y me hizo estar (más) gordo cuando lo sacaron a la venta. No me jodan. Si vas a beber, a fumar, a comer, a coger, viene con consecuencias, lo hagas bien o mal. Y debes saber que esas consecuencias pueden ser favorables o desfavorables y que no puedes ir y culpar a alguien más de tus decisiones.
Todo es una conspiración Esta es una de mis favoritas. Hay mucha gente que de verdad piensa que hay cientos de fuerzas oscuras planeando complots interminables para que no se den cuenta de que les subieron el precio del kilo de aguacates de un fin de semana a otro. ¿Cómo lo hacen? Los medios (dígase con voz tenebrosa) ‘fabrican’ noticias que captan la atención de la gente, como los temblores, los asesinatos o que es muy fácil secuestrar un avión en México. Lo que me causa cierta hilaridad es que (de nuevo, voz tenebrosa) el Gobierno no necesita este tipo de actos. Suben los precios, bajan los sueldos y eso no es de hoy, es de siempre. Lo llamo el Síndrome de la Ola Fallida, aquí siempre hay que esperar a que alguien empiece para seguirlo. Lo malo es que ni los ex-a-Tec se creen lo de ‘ser líderes’, entonces nos quedamos en el mismo lugar.
Las redes sociales son Dios/El Diablo ¿Alguna vez se han puesto a leer por el puro placer de hacerlo? Ya saben, esa actividad que están realizando en este instante, pasar los ojos sobre un montón de caracteres, decodificarlos en fracciones de segundo y comprender lo que acaban de decodificar, eso sí, en segundos, minutos o años, dependiendo de la capacidad de abstracción del lector o de la complejidad del texto. Si lo hacen regularmente, entonces saben que cuando se inventó el cine fue considerado como una pérdida de tiempo y algo malo. Cuando apareció la radio se decía que le causaba estragos al cerebro de los escuchas y bueh, ya sabemos que dicen todavía los cortos de entendimiento acerca de la televisión. Entonces, llega un ‘nuevo medio’ (y digo ‘nuevo’ porque el medio es Internet y la herramienta es Twitter) y el ciclo se repite, aquellos que pasaron horas y horas frente a una TV ven a sus hijos absortos en Facebook y hacen el diagnóstico que cualquier padre que no pasa tiempo con su prole hace: si es nuevo no lo entiendo, si no lo entiendo es malo, si es malo lo destruyo. Y las redes sociales no son buenas ni malas ni nada, todo es según como lo uses. Lo mejor es cuando alguien se queja de Twitter desde Twitter. ¿No les dará miedo romper Internet?
El punto de todo lo anterior es que cada quien toma sus propias decisiones, cada quien decide si está bien quedarse tonto, comerse lo que digan algunos, enfermarse a propósito o procrastinar. O hacer todo lo contrario. O tomar otro camino. O ninguna de las anteriores. El punto es que hay muchos a quienes el hecho de asegurarles que ellos tienen la responsabilidad del 95% de las cosas que suceden en su vida les asusta y rechazan la idea como si les estuvieras pidiendo que asesinaran a sus madres con un pelapapas. Y entonces prefieren endilgarle la culpa a la televisión, a Twitter, a las deidades y a los corporativos. Entonces se vuelven lo que no quieren ser: títeres. Y es tan, pero tan fácil jalar de sus hilos.
Es cierto, cada quien toma sus propias decisiones. No importa si uno es muy, poco o nada imbécil; a final de cuentas nosotros elegimos qué ver, qué consumir o qué ideas defender. Sin embargo, seleccionamos o escogemos todo eso según de nuestro criterio, y el criterio de la mayoría de la gentecilla es muy pinche. Por eso son más los pendejos que fuman no por placer, sino porque creen que el cigarro les pule su opaca personalidad; o idiotas que ven tal o cual programa no por razones personales, de gusto o interés, sino porque es el programa que todo mundo ve, you know?
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Siempre recuerdo a Bob Patiño usando la pantalla de Tyrano-vision para decir que iba a detonar una bomba nuclear si no desaparecía la televisión. Remataba con: “Se que es irónico usar un medio para destruir el mismo, no lo mencionen” xD. La gente es estúpida por si misma, pero jamás aceptarán que son estúpidos, siempre es más sencillo culpar algo. También cuando aparecieron los videouegos les hechaban la culpa de quien sabe que tantas cosas, y aún siguen diciéndolo.
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¿Qué se puede esperar? Muchos siguen viviendo bajo la filosofía tácita de que hay un destino, personal e ineludible, programados para ellos en el cosmos y que “todo sucede por algo” en sus vidas. Esa manera de desprenderse de la responsabilidad, de venerar el control inteligente de un diseño ilógico, completo con organizaciones sociales de adoración y hasta un antagonista universal al cual echarle la culpa de toda la maldad que surge de nuestras decisiones y mentalidad, me da risa, asco y flojera. Pero no lástima. Que cada quien reciba la reacción de sus propias acciones, eso es poesía.
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Mis padres alguna vez me dijeron: Eres arquitecto de tu propio destino.
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Bueno, los tiempos han cambiado. Actualmente la mayoría de los estudiantes de comunicación quisieran trabajar en televisión; de hecho, conozco un canal de tv que sobrevive con puros prestadores de servicio social…y eso parece el canal, una clase de producción televisiva. La radio no les interesa mucho (no los ven, por lo tanto no los conocen fuera del medio) y por ultimo la prensa, que prácticamente es mínima la cifra de egresados que se trabajan en periódicos o revistas. Como leí en una revista, la filosofía de la mayoría de los comunicologos hoy en día es “salgo en la televisión, luego existo”.
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