Dos veces, la noticia de algo impactante relacionado con Steve Jobs me ha sorprendido en el momento en el que me doy cuenta que tengo que levantarme e ir a comer, porque son casi las 7 de la noche. Dos veces ha tenido que ver con la partida de Steve Jobs.
Para mí no fue un dios, un semidiós ni tampoco un demonio o el Diablo mismo. En ocasiones, cuando una persona destaca lo suficiente en su propio campo como para que sea notable para quienes no son especialistas, se les toma de esa manera. Ustedes podrán leer lo mismo acerca de Bill Gates, es malo, es bueno, lo amo, lo odio.
Lo que no se puede negar es la diferencia que marcó Steve Jobs en el mundo. Sí, a partir de una computadora, de un sistema operativo, de un teléfono, de un reproductor de medios digitales. Los más cínicos (y más ignorantes) dirán que el legado que deja Jobs es el de consumir y consumir. Pero no es así. Nadie piensa en lo que se logra con cada una de estas creaciones.
Uno de mis libros favoritos en los 29 años en los que he tenido la capacidad de leer, es Pixie en los suburbios, de Ruy Xoconostle (quien debe estar auténticamente triste). Ese libro se escribió en una Mac. Es un sistema operativo que a mí no me gusta, pero en el que ese trozo de ficción que puedo recitar al dedillo en varias partes, fue creado.
Nadie habla tampoco de la gente que se encuentra a cientos de kilómetros de sus familias y que pueden conocer a sus hijos o escucharlos decir sus primeras palabras porque tienen Facetime. Nadie habla de la foto pasada por Instagram que le gustó a la chica a la que se la tomaste. Nadie habla de las horas y horas que uno pasa en el tráfico, en el avión, en las salas de espera o con las luces apagadas, acostado en el piso y escuchando música a través de un iPod. Nadie habla de las lágrimas y las risas en cada una de las películas de Pixar.
Jobs no puso las manos en el diseño de cada uno de los equipos, no les puso las motherboards, no salía en el camión a dejarlos en las tiendas de Apple. Pero sí inició una empresa que es la más valiosa del mundo (y el mundo sigue siendo un lugar bastante grande), daba sus observaciones, hacía pruebas y servía de inspiración para que un ejército de gente, sí, se sienta mejor consigo misma porque posee un iPhone. O para que pudiesen ver series de TV en una iPad en cualquier lugar. O para conectar a dos personas que están separadas ¿Se puede hacer con otros dispositivos? Claro. Pero además, supo ubicar a su empresa en el nicho de esa marca a la que todos aspiran poseer.
Yo no soy fan de Steve Jobs. No me siento triste, no me siento feliz. Me sorprendió, una vez más, la noticia de su partida justo cuando tengo el estómago vacío. Pero no puedo dejar de reconocer que de tanta, tanta gente que habita este mundo, es de los pocos que con toda justicia podría haber hecho un grafiti del tamaño de la Gran Muralla China que rezara: Steve was here.






Qué buen post, Lex!!!!
Un abrazo.
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Nunca he tenido algo de Mac. No estoy seguro si algún día tendré algo de Mac. Aun así, Jobs siempre tuvo mi respeto. R.I.P.
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De lo mejor que he leído acerca de Steve Jobs.
La web estaba saturada de copy/paste de lo que hizo el tío Steve.
Bien hecho, Lex. Gracias.
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