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Atomix, o sea, ¿no?

Ok, tenía que postear esto para la posteridad: una de las personas con las que viajo fue avisada de que habían hackeado la página de ese engendrito aburrido que se llama Atomix y el resultado está abajo. Me hizo reír un chingo. Háganlo viral, amiguitos.

Ah, y Nerdcore es una mierda aburrida y pretenciosa.

Jajaja, Akireishon Dot Com

El link al screenshot completo en Twitpic

Un screenshot de un mensaje encriptado de Akira Oscarín. Digo, es eso o que no sabe escribir en español. Y, por supuesto, lo segundo es im-po-si-ble.

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El gran hazmerreír

Siempre me hacen la misma pregunta: ¿Por qué te torturas viendo programas de televisión abierta? Es muy sencillo y ya se los he dicho varias veces: tengo que conocer para juzgar. Sé que empíricamente cualquiera podría decir que los nuevos programas de Televisa y TV Azteca para las tardes de domingo son una basura, pero tengo que saberlo por mi mismo. Such is my curse. En la universidad aprendí que tengo que conocer lo que ve la gente en televisión, lo que lee, lo que consume de los medios de comunicación. Cuando empecé a escribir fue más que obvio que todo ello me ayudaría a hacer mejor mi trabajo, que si reducía mi visión del mundo a mis gustos personales no iba a lograr hacerlo bien. Así que anoche me dediqué a ver los nuevos reality shows de Televisa y TV Azteca para las noches de domingo.

Debo confesar que no los vi completos. Salté de uno a otro. En fin, aquí tienen mi opinión acerca de Hazme Reír y El Gran Desafío.

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Hazme Reír y serás millonario

Esa es la promesa de la nueva producción de Televisa. Básicamente, es ‘Haciendo chistes por un sueño’, varios equipos que cuentan con un ‘profesional’ de la comedia, otro que no lo es y un miembro del pueblo, de la broza, mihermano, se dedicarán a incursionar en diferentes estilos de comedia con el objetivo de ganar el derecho a ser parte del equipo de comediantes que irán al mundial de sucker de Sudáfrica, trabajo en el centro nocturno de Germán y Freddy Ortega y, desde luego, dinero.

Miren, para quien no lo sepa, yo soy gordo. No me interesa dejar de serlo en el futuro inmediato, estoy cómodo con ello. Pero tampoco me paso de listo. Jamás me van a ver con pantalones entubados o camisetas ajustadas. O shorts. O playeras. Y yo no aparezco en televisión nacional. Entonces, que alguien me explique por qué demonios Angélica Vale, que sí tiene cierto encanto y alguna cantidad de talento para el humor y las imitaciones, no se puso a hacer ejercicio o se hizo una liposucción o algo similar para bailotear en minifalda en la apertura del programa. Fue triste verla tratar de subirse a la mesa de los jueces, intentar cubrirse la entrepierna. Bueh.

Los sketches fueron flojos. Muy flojos. Salvo uno de Omar Chaparro que estuvo interesante por el ritmo para hacer dos personajes alternativamente de cada uno de los participantes (una parodia de El Chavo del Ocho). Claro que lo echaron a perder casi de inmediato con una escena de lágrima: el miembro #3 del equipo es payasito de crucero y llega ‘de sorpresa’ su familia y la hija recién nacida que no conoce por estar ensayando durísimo. El público se enternece, Consuelo Duval derrama lágrimas sobre sus pechos masivos. Los Galindo se acarician la cartera.

Déjenme hacer una pausa aquí para narrarles una anécdota que Joaquín Jiménez, mi maestro de Teoría de la Televisión, nos contó alguna vez. Él trabajaba en Televisa hace bastantes años. En un programa, de sorpresa, llegó el papá de Armando Manzanero. El compositor se levanta del banco del piano, abraza a su papá a quien no había visto en años, ambos lloran. La escena tuvo que repetirse varias veces, porque el papá no entraba cuando le daban el cue. Habían llegado en el mismo avión, varias horas antes.

En fin. El programa está bien producido, pero en realidad no me hizo reír. La ‘actitud’ de los jueces es como del Villano Reventón, como siempre ha sido en este tipo de realities. Marco Antonio Regil, el conductor, cumple, después de todo está haciendo el mismo show de siempre.

Dos observaciones curiosas. En una de las parodias se mencionó la costumbre de los Ortega de beber de más y uno de ellos se molestó visiblemente. En otra, que seguramente le costó el trabajo a alguien, se burlaron de la pareja presidenciable, Angélica Rivera y Enrique Peña Nieto.

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El Gran Desafío

Primero que alguien me diga quién es el conductor. Ya sé, es importación de Sudamérica pero ¿quién le dijo que sabía llevar un programa? Hubo varias cosas que no mencionó, otras que pasó por alto, no es gracioso ni empático. No funciona.

En este show se reúnen varios equipos del catálogo de celebridades que TV Azteca se inventó con las diferentes encarnaciones de La Academia, se suman actores de sus telenovelas y programas unitarios, luchadores (Tinieblas Jr.), boxeadores (Jorge Arce) y monos de peluche (el infame ‘Tachidito’). No, no hay ‘pueblo’. Básicamente el programa combina actos circenses, baile y canto, o sea, lo mismo que han hecho por varios años. Es extraño ver que los equipos no tengan el mismo número de integrantes o que no estén equilibrados en sus profesiones.

Alguien le platicó a los productores de este programa que si hacían muchos planos holandeses y abusaban del zoom in/out, nadie se daría cuenta de las deficiencias en la producción. Luego les cambió la vaca que llevaban por unas habichuelas mágicas. El elenco de Azteca no es el mejor, los actores no actúan, los cantantes no cantan. Y aún así, intentan llenar más de tres horas de transmisión. Impresionante.

Hubo un momento que dejó muy claro qué tan improvisado está el programa. Toñita, una de las ‘egresadas’ de La Academia y Tinieblas Jr. se enfrentarían. ¿Recuerdan ese concurso hecho hasta el hartazgo en donde tienes que permanecer en una llamada mientras involucras al interlocutor en un relato improvisado? Bueno, intentaron hacer eso. Toña ‘marca’ un teléfono sacado de uno de los varios directorios de la mesa ante ellos. La ‘llamada’ no entra. No hay audio. Lo intenta de nuevo ¿Mencioné que eran páginas amarillas y no blancas? Primer error, mantén la verosimilitud lo más posible. Seguramente, por un error en cabina, no pudieron abrir el canal de la ‘persona del público’ a quien ‘le llamarían’. Segundo error, siempre haz varias pruebas y ensayos. ¿Tercer error? La situación se extendió por cinco minutos. Ajá, suena a poco, pero en televisión cinco minutos de NADA son mortales. El conductor callado, los concursantes también. Fue surreal. El supuesto desafío no se llevó a cabo. Si Tinieblas hubiera agarrado a madrazos a la supuesta cantante, habría valido la pena.

Para darle cierta credibilidad a este circo, la producción decidió incluir como juez a ese pendón del periodismo serio, ese monumento a la crítica objetiva, ese enorme montón de profesionalismo que se llama Lolita de la Vega. Pero si vemos al ‘ecléctico’ elenco (se me van a acabar las comillas con este post, me cae), la señora de La Hueva queda perfecta. Los números musicales son insufribles, las supuestas acrobacias las podría hacer Stephen Hawkin en un mal día y los ‘jueces’ no son na-die, ni siquiera dentro del mundillo de la farándula al que intentan calificar. Eso sí, los tipos son mamados y sonrientes y las mujeres están sabrosas. Algunas guapas, otras no. Ese es el talento más grande de la gente de Azteca, localizar carne. Lo que me recuerda otra anécdota.

Ale iba conmigo en la universidad, era hermana de una amiga mía. En ese tiempo, era novia de Manuel, un guionista de comedia bastante bueno. Manolo encontró trabajo en Azteca, en Puro Loco. Acostumbrado a escribir humor fino y chistes más pensaditos, presentaba sus sketches a Juan Carlos Méndez, quien después de leerlos, sentenciaba: “no, no, no. Ponle más viejas, más albures. Hazlo corriente”. Palabras textuales.

Esa parece ser la premisa. Hacer mal las cosas. Pero no, no lo crean, la horrible verdad es que los productores de este y otros abortos infernales piensan que están haciendo arte. No bromeo, los he visto y escuchado.

El veredicto de los dos, el de Televisa es el menos peor. Sí, menos peor. Tiene más claros sus objetivos y temas, aunque no es el tipo de humor que a mi me gusta. En Azteca intentan hacer un show ‘de todo’, pero no llega a nada. El verdadero gran desafío de ambos programas es que no se vuelvan el hazmerreír de la televisión. Y, por lo que se ve, no lo lograrán.

Lo admito

Cuando tenía la absurda edad de 21 años, jugaba StarCraft. Me pasaba varios minutos organizando a mis tropas Terran, creando torretas y obteniendo recursos para después dejarle caer una salvaje horda a mis enemigos (por un lado), mientras enviaba soldaditos infiltrados (por el otro) y me protegía. Las batallas eran pocamadre y yo no lo hacía nada mal. En mi primer trabajo formal, dos años después, armábamos las partidas en cuanto era la hora de salida. Tambien jugaba Grim Fandango y me divertía resolviendo misterios y rompecabezas.

De varios años para acá, esas cosas me aburren un poco. Sí, jugaré StarCraft II si se les da la gana sacarlo algún día, pero no con la misma minuciosidad de antes. Por razones que desconozco, ahora soy el tipo que se avienta con pistola en mano frente a los Spartan o los Elite, los zombis y los Locust. Generalmente, soy el primero al que le vuelan la cabeza o a quien le da un francotirador. Sobra decir que cuando empecé a jugar L4D, iba y le hacía cosquillas a la Bruja.

Blaze of Glory

No sé por qué es que lo hago, pero es una cosa muy divertida nada más aventarse a disparar a todo lo que se mueva. No me interesa mucho la estrategia en un juego que se va a acabar en poco tiempo y que dará pie a otro completamente nuevo. Me interesa pasarlo bien. Soltarle un cohetón en la cara a un enemigo aunque la explosión también me mate a mi, pegarle una granada de plasma a un Ghost aunque me atropelle, no esconderme en el sitioquenadieconoceydesdedondepuedomatarlosatodos (eso se me hace bien maricón) ¿Ganar? Sí, está padre, pero la parte psicológica de los juegos en la que yo tenía que aprender a competir y ganar sucedió hace muchísimos años. Estaría del culo que a los 31 todavía buscara aprender esas cosas o pretender que eso estoy buscando. La gente que lo hace está compensando por otras deficiencias en su vida. A veces canturreo esa canción de Bon Jovi, aim goin daaaaaaaaun, on a bleiiiiis op gloooriiiii.

Nunca me enojo al jugar. Jugar debe ser algo divertido. Pregúntenle a Daniel Salinas, El Chaco Veloz, Monzi y otros que se nos han unido si no nos la pasamos riendo. No puedo jugar y estar escuchando en mi diadema cómo se enoja el resto del equipo y mienta madres y se comporta como si esa partida de insertejuegoacá fuese determinante para el desarrollo de una cura contra el cáncer. Me da hueva. No es que juegue mal a propósito, de hecho creo que he mejorado bastante desde que tuve que volver a agarrar un control, cuando estuve trabajando en la extinta EGM (como por 15 minutos). Es sólo que no me importa ‘aplastarlos a todos’ ni pretender que crecí cinco centímetros más de altura y 10 de pito sólo porque supe como apretar una secuencia de botones. En primera, ni se te elongan las piernas ni la ñonga y en segunda los chimpancés pueden apretar botones de manera muy eficiente, así que no es un gran mérito.

Si yo tuviera otro héroe en los videojuegos que no fuera Carqui, con su olor a frutas y almizcle que embriaga los sentidos, definitivamente tendría que ser Leeroy Jenkins.

Productos estúpidos

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Damas y caballeros: las manos del Doc Manhattan. Porque nada dice “soy un perdedor” como este ítem. Amigo, si a su novia le gustó la escena en donde el ubicuo doctor se está aventando el único threesome de dos personas (claro, si no contamos el de Marla y Narrador/Tyler Durden), vaya usted por un compinche, pónganse cada uno un par y sorprenda a su Espectro de Seda*. Dos manos azules, por sólo 33.90 de los de Washington.

Eso, o podrían comprarse 50 guantes de los siguientes por 11.95. O hundir las manoplas en un bote de Sherwin Williams.

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*Este blog no se hace responsable por las demandas o penectomías que usted y su amigo podrían sufrir.

…con un Gran Estallido

Para el fin de semana largo, les dejo el episodio del cual les hablaba en este post.

Además, una entrevista con George Smoot, el reparto y los productores de The Big Bang Theory. Resulta que, en efecto, es fan del programa y llamó a la producción para pedirles aparecer en un cameo. Le corrigió la pronunciación de algunos términos a Jim Parsons (Sheldon, en la serie), hizo su participación especial, se tomó fotos, dio entrevistas. La próxima vez que algún intelectualoide de café con ínfulas de sabio les diga que la televisión es para idiotas, contéstenle que el Premio Nobel en Física de 2006, cuya investigación sirve para explicar el origen y futuro del universo, se sienta cada lunes frente a su televisor para ver un sitcom acerca de cuatro nerds y una chica. Luego, déjenlo solo, para que prepare la inevitable retahíla de razones por las cuales un científico de esa estatura está idiota. Pero, antes de irse, déjenle un paquete de kleenex, para que enjugue sus amargas, amargas lágrimas.