Siempre me hacen la misma pregunta: ¿Por qué te torturas viendo programas de televisión abierta? Es muy sencillo y ya se los he dicho varias veces: tengo que conocer para juzgar. Sé que empíricamente cualquiera podría decir que los nuevos programas de Televisa y TV Azteca para las tardes de domingo son una basura, pero tengo que saberlo por mi mismo. Such is my curse. En la universidad aprendí que tengo que conocer lo que ve la gente en televisión, lo que lee, lo que consume de los medios de comunicación. Cuando empecé a escribir fue más que obvio que todo ello me ayudaría a hacer mejor mi trabajo, que si reducía mi visión del mundo a mis gustos personales no iba a lograr hacerlo bien. Así que anoche me dediqué a ver los nuevos reality shows de Televisa y TV Azteca para las noches de domingo.
Debo confesar que no los vi completos. Salté de uno a otro. En fin, aquí tienen mi opinión acerca de Hazme Reír y El Gran Desafío.

Hazme Reír y serás millonario
Esa es la promesa de la nueva producción de Televisa. Básicamente, es ‘Haciendo chistes por un sueño’, varios equipos que cuentan con un ‘profesional’ de la comedia, otro que no lo es y un miembro del pueblo, de la broza, mihermano, se dedicarán a incursionar en diferentes estilos de comedia con el objetivo de ganar el derecho a ser parte del equipo de comediantes que irán al mundial de sucker de Sudáfrica, trabajo en el centro nocturno de Germán y Freddy Ortega y, desde luego, dinero.
Miren, para quien no lo sepa, yo soy gordo. No me interesa dejar de serlo en el futuro inmediato, estoy cómodo con ello. Pero tampoco me paso de listo. Jamás me van a ver con pantalones entubados o camisetas ajustadas. O shorts. O playeras. Y yo no aparezco en televisión nacional. Entonces, que alguien me explique por qué demonios Angélica Vale, que sí tiene cierto encanto y alguna cantidad de talento para el humor y las imitaciones, no se puso a hacer ejercicio o se hizo una liposucción o algo similar para bailotear en minifalda en la apertura del programa. Fue triste verla tratar de subirse a la mesa de los jueces, intentar cubrirse la entrepierna. Bueh.
Los sketches fueron flojos. Muy flojos. Salvo uno de Omar Chaparro que estuvo interesante por el ritmo para hacer dos personajes alternativamente de cada uno de los participantes (una parodia de El Chavo del Ocho). Claro que lo echaron a perder casi de inmediato con una escena de lágrima: el miembro #3 del equipo es payasito de crucero y llega ‘de sorpresa’ su familia y la hija recién nacida que no conoce por estar ensayando durísimo. El público se enternece, Consuelo Duval derrama lágrimas sobre sus pechos masivos. Los Galindo se acarician la cartera.
Déjenme hacer una pausa aquí para narrarles una anécdota que Joaquín Jiménez, mi maestro de Teoría de la Televisión, nos contó alguna vez. Él trabajaba en Televisa hace bastantes años. En un programa, de sorpresa, llegó el papá de Armando Manzanero. El compositor se levanta del banco del piano, abraza a su papá a quien no había visto en años, ambos lloran. La escena tuvo que repetirse varias veces, porque el papá no entraba cuando le daban el cue. Habían llegado en el mismo avión, varias horas antes.
En fin. El programa está bien producido, pero en realidad no me hizo reír. La ‘actitud’ de los jueces es como del Villano Reventón, como siempre ha sido en este tipo de realities. Marco Antonio Regil, el conductor, cumple, después de todo está haciendo el mismo show de siempre.
Dos observaciones curiosas. En una de las parodias se mencionó la costumbre de los Ortega de beber de más y uno de ellos se molestó visiblemente. En otra, que seguramente le costó el trabajo a alguien, se burlaron de la pareja presidenciable, Angélica Rivera y Enrique Peña Nieto.

El Gran Desafío
Primero que alguien me diga quién es el conductor. Ya sé, es importación de Sudamérica pero ¿quién le dijo que sabía llevar un programa? Hubo varias cosas que no mencionó, otras que pasó por alto, no es gracioso ni empático. No funciona.
En este show se reúnen varios equipos del catálogo de celebridades que TV Azteca se inventó con las diferentes encarnaciones de La Academia, se suman actores de sus telenovelas y programas unitarios, luchadores (Tinieblas Jr.), boxeadores (Jorge Arce) y monos de peluche (el infame ‘Tachidito’). No, no hay ‘pueblo’. Básicamente el programa combina actos circenses, baile y canto, o sea, lo mismo que han hecho por varios años. Es extraño ver que los equipos no tengan el mismo número de integrantes o que no estén equilibrados en sus profesiones.
Alguien le platicó a los productores de este programa que si hacían muchos planos holandeses y abusaban del zoom in/out, nadie se daría cuenta de las deficiencias en la producción. Luego les cambió la vaca que llevaban por unas habichuelas mágicas. El elenco de Azteca no es el mejor, los actores no actúan, los cantantes no cantan. Y aún así, intentan llenar más de tres horas de transmisión. Impresionante.
Hubo un momento que dejó muy claro qué tan improvisado está el programa. Toñita, una de las ‘egresadas’ de La Academia y Tinieblas Jr. se enfrentarían. ¿Recuerdan ese concurso hecho hasta el hartazgo en donde tienes que permanecer en una llamada mientras involucras al interlocutor en un relato improvisado? Bueno, intentaron hacer eso. Toña ‘marca’ un teléfono sacado de uno de los varios directorios de la mesa ante ellos. La ‘llamada’ no entra. No hay audio. Lo intenta de nuevo ¿Mencioné que eran páginas amarillas y no blancas? Primer error, mantén la verosimilitud lo más posible. Seguramente, por un error en cabina, no pudieron abrir el canal de la ‘persona del público’ a quien ‘le llamarían’. Segundo error, siempre haz varias pruebas y ensayos. ¿Tercer error? La situación se extendió por cinco minutos. Ajá, suena a poco, pero en televisión cinco minutos de NADA son mortales. El conductor callado, los concursantes también. Fue surreal. El supuesto desafío no se llevó a cabo. Si Tinieblas hubiera agarrado a madrazos a la supuesta cantante, habría valido la pena.
Para darle cierta credibilidad a este circo, la producción decidió incluir como juez a ese pendón del periodismo serio, ese monumento a la crítica objetiva, ese enorme montón de profesionalismo que se llama Lolita de la Vega. Pero si vemos al ‘ecléctico’ elenco (se me van a acabar las comillas con este post, me cae), la señora de La Hueva queda perfecta. Los números musicales son insufribles, las supuestas acrobacias las podría hacer Stephen Hawkin en un mal día y los ‘jueces’ no son na-die, ni siquiera dentro del mundillo de la farándula al que intentan calificar. Eso sí, los tipos son mamados y sonrientes y las mujeres están sabrosas. Algunas guapas, otras no. Ese es el talento más grande de la gente de Azteca, localizar carne. Lo que me recuerda otra anécdota.
Ale iba conmigo en la universidad, era hermana de una amiga mía. En ese tiempo, era novia de Manuel, un guionista de comedia bastante bueno. Manolo encontró trabajo en Azteca, en Puro Loco. Acostumbrado a escribir humor fino y chistes más pensaditos, presentaba sus sketches a Juan Carlos Méndez, quien después de leerlos, sentenciaba: “no, no, no. Ponle más viejas, más albures. Hazlo corriente”. Palabras textuales.
Esa parece ser la premisa. Hacer mal las cosas. Pero no, no lo crean, la horrible verdad es que los productores de este y otros abortos infernales piensan que están haciendo arte. No bromeo, los he visto y escuchado.
El veredicto de los dos, el de Televisa es el menos peor. Sí, menos peor. Tiene más claros sus objetivos y temas, aunque no es el tipo de humor que a mi me gusta. En Azteca intentan hacer un show ‘de todo’, pero no llega a nada. El verdadero gran desafío de ambos programas es que no se vuelvan el hazmerreír de la televisión. Y, por lo que se ve, no lo lograrán.