
Bueno, todos nos enteramos. Primero, se anunció la muerte de un ícono de la TV (y de la cultura pop, me atrevería a decir) Farrah Fawcett. Así como durante los 90, cientos de mujeres estadounidenses de todo tipo pidieron el corte de cabello ‘a la Rachel’ , en los 70 fue el ‘Farrah’. Yo la conocí por referencias en libros y revistas, no tengo la edad como para decir “huy, yo era súper fan” Es decir, cuando yo tenía tres años (1980) ella cesó su participación en Los Ángeles de Charlie y seguramente yo estaba más preocupado por algún juguete o por si ya me había cagado en los pantalones. Así que me enteré de su existencia años después, cuando hacían alguna remembranza del show y luego en las repeticiones del mismo. Yo no era su fan, cuando alguien de mi edad (32) o menor lo dice, me da risa. Los verdaderos enamorados seguramente recuerdan haber visto el póster con la misma sorpresa y embeleso con los que, según la década, Marilyn Monroe, Samantha Fox o Monica Bellucci.

Luego, horas después, anuncian que Michael Jackson ha muerto. Luego que no. Luego que sí, pero poquito. Después que mejor no y luego lo recontraconfirman. De Michael sí tengo recuerdos. Probablemente el primero debe ser que le llamaban Máricon Jackson (el acento es a propósito). Luego, el guante y después el Moonwalk. Era impresionante verlo hacer todo el show porque, de que tenía talento y magnetismo en el escenario, lo tenía. Y mucho. Por supuesto, fue fuente inagotable de chistes, desde su voz y modales, eh, delicados, digamos, pasando por sus explicaciones inverosímiles acerca de los cambios de color de su piel y las incontables cirugías hasta los juicios en los que se le acusaba de haber abusado sexualmente de varios niños. Ese último, el único realmente grave. ¿Lo sorprendente? Se lo platicaba hace un par de días a Ollin, curiosamente. Alguna vez, mientras Karl, Javier y yo buscábamos qué comprar entre los DVD de Sanborns, pusieron el concierto de la gira Dangerous en las televisiones. Me llamó mucho la atención cómo ese tipo de mañas sospechosas y pésima fama, lograba que la mayoría de la gente a mi alrededor siguiera el ritmo con los pies o la cabeza muchos años después. También recuerdo a ese Michael Jackson que, cuando llegaba a algún país, el que quieran, era recibido por los jefes de estado en uniformes menos llamativos que la ropa de calle del primero. O que era amigo de las diosas del cine y la música estadounidenses, Liz Taylor y Diana Ross. Los videos, la película ¡El jodido videojuego y arcade de Sega! Fui al segundo concierto en el Azteca, lo pasé bien. Un icono de los 80, definitivo, que todavía logro permanecer un poco en los 90 y se desbarrancó sin freno después.
Al mismo tiempo que se confirmaba (o no) la noticia de su muerte, empezaron los espontáneos a aventar chistes. Unos muy buenos, debo decir. Otros, muy forzados. Y es que cualquiera se da cuenta cuando alguien simplemente soltó un comentario cagado y cuando otros, hombres y mujeres por igual, vomitaron algo porque “ay, tengo que pertenecer, ay, tengo que decir algo. Ay, ese, que no es naaaaaadie, no puede ser más gracioso que yo.” Y agotaron el chiste en cuestión de minutos. A estas horas, las bromas están más muertas que el propio Michael.
Aunque ¿está muerto?
Yo solté mi teoría chaquetera, maquiavélica, absurda, pendeja, de telenovela de Emilio Larrosa en Twitter. Mis estudios en ciencias de la nada y teorías de conspiración avanzada, me dan la autoridad para decir que Michael Jackson no murió. En primera, eran bastante públicas sus deudas desde hace un par de años. Hasta le iban a quitar Neverland. Luego, prometió muchas fechas de un concierto en Londres y los boletos volaron el mismo día. Finalmente, tenía 50 años, edad que tiene un buen sonido al mencionarla en los obituarios y las semblanzas. Entonces, finge su muerte, huye, ponen un modelo de cera de Diana Ross sin el tinte negrito y a medio derretir en el féretro (en el caso de que sea abierto) y tarán, Michael Jackson era Gawd, era tan bueno, tan caritativo, ay, que nadie se acuerde de los juicios y que nadie se acuerde que hubo un momento en que era negro.
Me gustan varias canciones grabadas por Michael Jackson. Mínimo dos de cada uno de sus discos, desde Off the Wall y un par de los Jackson 5. Pero no me considero fan acérrimo, ni lloré en el concierto, ni nada por el estilo. Eso sí, escucho a lo lejos la manada de animales que vienen corriendo, como cuando murió Benedetti, bramando que ellos siempre lo admiraron. Que lo recuerdan todo, todito, que tienen el vaso ultraconmemorativo y la camiseta ultraespecial del concierto megadesconocido. Que a ellos sí les salía el Moonwalk. Otros más, están sentados en sus casas u oficinas pensando “ay, tengo que decir algo cagado, pero ya se acabaron los chistes de negro, blanco, niños y maricones”. En realidad, todo ya se había dicho hace una década, cuando la carrera de Jackson se murió completita. Y también durante su mejor momento.
Eso sí, fue un día curioso. Muere una figura representativa de los 70, uno de los 80. Hace unos días, el patiño eterno de Johnny Carson, Ed McMahon. Ya saben, eso que dicen de las muertes en grupos de tres. Lo cierto es que sí fueron dos figuras mundialmente conocidas y que, al morir, despiertan los recuerdos y los datos de trivia interminables. Y que, además, son una de esas señales de que ya hemos dejado atrás esos tiempos.
*dícese del cliché, que tiene la propiedad del cliché. Clichudo, clichoso.