Category: Opinión

Si las gotas de lluvia…

Yo me sé un par de estrofas de la canción del título. La canta Barney en una de las emisiones de su programa. Cuando salió, mi sobrina y dos primos tenían, en promedio, cinco años, así que la escuché muchas veces. Es más, llegué a cantarla, fingiendo la voz del dinosaurio.

El sábado volví a escucharla en el video que está al final y que, para hoy, seguramente ya han visto. En un kinder en Nuevo León, empieza una balacera. Una de las maestras de preescolar hace que los niños se mantengan a ras de piso e intenta calmarlos mientras les canta esa canción.

Es impresionante. Y perturbador.

Constantemente escucho y leo argumentos que dicen que no, que la gente que consume no necesariamente contribuye a la violencia en México, que por fumarte un porrito no pasa nada, que por comprar un gramo no están dañando a nadie. Y, de nuevo, digo que están equivocados. Están idiotas. Están pendejos.

Es muy simple y lógico: la mariguana es ilegal. La cocaína es ilegal. La heroína es ilegal. Si tú, profesionista que tienes, ay, tantas presiones, vas y le compras dos cigarros a otro profesionista que los vende en el estacionamiento de tu empresa, ajá, no pasa nada. Pero él le compró 10 a su primo, que a su vez le compró un kilo a un conocido, que le compró 10 kg a alguien en una casa a la que llegaron varios paquetes procedentes de alguna colonia en los estados o en la ciudad, cosechados en un plantío que pertenecía a algún narcotraficante que ha ordenado asesinatos, en los que no importa si se llevan por delante a quienes no tenían que ver con ello. Y ese narcotraficante probablemente se hizo de ese plantío matando al dueño de las tierras o matando a otro narco.

Pero no pasa nada. Por un cigarrito no pasa nada. Mis huevos. Mis pinches huevos. Ese cigarrito de mota está echando a andar una parte de la maquinaria que hace que una profesora tenga que poner a unos niños pequeñitos al piso para que no les vuelen el cráneo con una bala perdida. Ese cigarrito, que se supone que solo te está matando las neuronas a a ti, ya mató a dos o tres cristianos desde que sembraron la droga hasta que llegó a tus manos durante la comida. Ese “relajante” natural que “ni hace daño” ya te dejó ciego ante el hecho de que lo que estás haciendo contribuye a que, no me jodan, en ciertas regiones del país se les tenga que dar cursos a trabajadores de la educación y otros profesionistas de cómo reaccionar ante una balacera.

¿No es inaudito? ¿No les provoca náuseas?

El video, que sí, demuestra una gran entereza de la profesora (yo he escuchado tiros y me quedo petrificado) funciona en dos niveles. En uno, hay que admirar la actitud y la reacción y, en otro, deberíamos sentirnos llenos de tristeza y vergüenza porque las cosas ya llegaron a ese punto. Ya estamos en el nivel de “hay balacera y sé que hacer”. Deberíamos ser completamente ajenos a este tipo de sucesos en dos mil puto once. Pero no, más y más nos acostumbramos a la violencia, al narco, al “no pasa nada”. Pero sí pasa. Hemos perdido amigos, familiares, conocidos, porque alguien dijo “quiero un porrito y solo me afecta a mí”.

Que jodidez de mundo. Que mierda de país.

larger_Camel Natural Flavor (Mexico Feb 2009)

Tres meses sin fumar

Días más, días menos. Ese es el tiempo que llevo. No he fumado.

Un día me desperté y ya no fumaba. Quiero aclarar esto: no desperté y dije “guau, este día está precioso y es perfecto para dejar de fumar” o “guau, escupir sangre ya no me gusta, mejor dejo el cigarro”. Y no, no escupo sangre, es un ejemplo extremo, nada más.

Lo de levantarse de la cama y fumar, lo hice en la universidad, que es cuando te sientes personaje de película. Te sientes Nicolas Cage en Leaving las Vegas, pero con cigarros. Yo llegaba al extremo de entrar a bañarme con un cigarro en la boca. La altura de la regadera ayudaba. Y luego, bebía café. Seguramente había visto a algún personaje hacerlo en alguna película. Café y cigarros.

Y luego, se me quitó lo pendejo. Bueno, en ese sentido. Luego empecé a fumar cuando quería fumar y a beber café cuando quería beber café, no nada más para hacerme el intenso. Porque, sí, todos tenemos esas fases. O muchos.

Hace unos ocho años que fumaba con regularidad. Había cigarros imperdonables: después de comer, al salir de una película, al beber café, al escribir. Y al leer las revistas y libros que me interesaban de verdad. Al ver una película en casa. Y luego, otros más prescindibles, al platicar con amigos, al caminar por la calle, al “desbloquear un logro” en la vida real. Nunca pensé en mí en términos de “pinche adicto” o “mariquita, apenas llevas diez cigarros hoy”. Y, además, siempre fui inconstante con las cantidades. A veces podía mamarme una cajetilla en un día y otras, pasaba una semana sin que me metiera un cigarro a la boca. Tal cual.

Entonces desperté un día y no fumaba. Los cigarros que tenía se fueron a la basura sin que me diera cuenta a qué hora los había tirado. Pasó la hora de la comida. No sentí la compulsión de buscar una cajetilla. Pasó la hora del café. Lo mismo. Pasó la hora en la que escribí cuatro correos y dos posts. Nada.

Al día siguiente, lo mismo. Y luego, lo mismo de nuevo. Y así han pasado tres meses, más o menos. Porque tampoco he contado los días. No me sé la fecha exacta de cuándo ya no fumaba. Yo creo que el cigarro me dejó a mí y no al revés, porque yo no era infeliz con un Camel Natural Flavor entre los labios.

Se estarán preguntando ¿y este post es para evangelizar en contra del cigarro? ¿Es una historia de éxito? Y, no.

  • Paso cerca de gente que fuma y no empiezo de mamón a toser. Tampoco me quedo oliéndolos como si me fuese a venir.
  • No es mi problema si el resto del mundo quiere fumar. O si no quiere fumar. O si quiere pan y no le dan.
  • No siento temblores, ansias, ganas de matar a alguien, síndrome de abstinencia, sudores, presión baja, presión alta, vómitos ni nada de lo que se supone alguien que ha fumado por los últimos 14 años debería sentir.
  • No me da asco el olor a tabaco. Es un olor habitual.
  • No voy a hacer campañas contra todo lo malo que produce meterse un Marlboro en la boca. Cada quien hace con su cuerpo lo que se le da su real gana.
  • No le doy una dimensión mística al fumar. Miren, cualquiera que escriba se la da. A eso, a la absenta, al mezcal, a la cocaína o a la marihuana. La verdad es que yo no escribo mejor o peor cuando fumo o no fumo. Uno se inventa esas cosas para sentirse escritordecadentedelsiglo19. Pero, nah, no es cierto. No es cierto desde que todo lo que escribes pasa por una computadora en algún momento.
  • No me dan ganas de fumar, pero tampoco me da repulsión la idea de hacerlo. Simplemente, no lo hago.
  • No me siento mejor persona. Ni peor persona. No pasa nada relevante ¿Es posible que mi calidad de vida se eleve? Sí ¿Es posible que no? También, porque no sé si han notado lo impredecible de los efectos del tabaco. Un viejito de China vive hasta los 102 y se fuma una cajetilla diaria y alguien que no fuma genera un enfisema.

El punto es que, a veces, siento que también la parte de “ay, es tan difícil dejar el cigarro” es parte del márketin para que no lo dejes. Porque los humanos somos muy, pero muy huevones. Vean por ejemplo los aparatos para “hacer ejercicio” que anuncian en TV. Todos prometen que no tienes que hacer na-da, que el aparato lo hace to-do y que tú puedes leer tu TV Notas con tranquilidad mientras estás trepado en el vibrador más grande del mundo ¿Por qué? Porque qué hueva caminar por la calle, subirte a la caminadora o a la bicicleta. Qué hueva organizar la comida para que no resulte que estás comiendo el equivalente a levadura.

Y se me ocurría que lo mismo pasa con el cigarro. No me he puesto parches, ni tengo chicle con nicotina. Ah, y tampoco lo sustituí con otra cosa. No compré una bolsa de paletas de caramelo ni estoy masticando las tapas de las plumas. Nada de eso. Sé que suena descorazonador, porque uno quiere leer acerca de la batalla épica del protagonista contra el cigarro malvado que nunca termina de irse. Uno quiere encontrar historias de éxito que digan “lo vencí a pesar de que tengo un tipo de personalidad que tiende a la adicción”. Uno quiere momentos cumbres, filmados por Sir Richard Attemborough y musicalizados por John Williams, del héroe aplastando el último cigarrillo. O una toma en contrapicada del caudillo, dejando caer un Camel, esa filmada por Michael Bay, con filtro amarillo y jipjóp de fondo, con alguna frase como “Ashes to ashes, motherfucker“.

¿Y, saben qué obtuvieron? Nada. Solo un tipo que un día despertó y ya no fumaba. No puedo decir “dejé el cigarro”. No hubo meta, no hubo propuesta, no lo hice por mi salud o una apuesta. No me molestaba que los dedos me olieran a cenicero. Solo pasó.

No lo considero un triunfo. Cuando suba la montaña más alta o me tire a Monica Bellucci, eso sí lo presumiré.

Cómo sobrevivir al 14 de febrero

Usted lo ha probado todo. Ha colgado letreros de “No molestar” en su cubículo. Ha inventado que tiene una especie de daltonismo que le impide ver los colores rosa y rojo. Cada año, siente usted una molestia creciente cada vez que nota a una pareja que se prodiga caricias y palabras melosas en público. Y aborrece la venta exagerada de artículos llenos de corazones y animales de peluche.

Cuando usted sienta todo ello, cuando ya no pueda más, cuando llene sus redes sociales de quejas y/o un desdén fingido ante la proximidad del díadelamorylaamistad, no sufra. Pinche en cualquiera de los vínculos siguientes. Le aseguro, encontrará lo que necesita.

Uno

Dos

Tres

Cuatro

(Y déjese de mamadas)

Este es un anuncio de servicio social para los Social Media Whores

Estimado Querido Apreciado Autoproclamado “Social Media Expert”:

  1. No eres Mark Zuckerberg. Te lo repito, NO eres Mark Zuckerberg.
  2. Según la película The Social Network, Mark Zuckerberg, CEO de Facebook, es un asno con pésima actitud. Adoptar esa personalidad (como has adoptado la de fiestero incansable y workholic vicioso) sólo te convierte en eso, en un idiota.
  3. El tipo, te guste Facebook o no, estaba estudiando en Harvard. A esa universidad no entra cualquier tarado*. Ya no digamos tú, que a duras penas (y copiando) pasaste el bachillerato.
  4. Es muy probable que Zuckerberg haya mentido, engañado y hecho trampa para lograr que Facebook se estableciera. Pero también dejó de dormir, programó (en código, no en una agenda), buscó colaboradores capaces y estableció un modelo de negocios para una red social.
  5. En contraste: tú engañas a los crédulos de algunas empresas diciéndoles que saber abrir una cuenta de Twitter o Facebook, las cuales ni siquiera vas a administrar tú, sino un becario de la misma empresa, es una carrera. Sales a “los lugares de moda”, haces check-in cuando hay alguien que tiene más de 1,000 followers y te haces pasar por su “amigo”. Y luego, hablas mal de las empresas para las que has trabajado. Encima de todo, les cobras.
  6. Pero, la diferencia es la siguiente: Mark Zuckerberg es un tipo que podría comprar la virginidad de tus bisnietas. Así nomás. Tú te sientes poderoso porque engañaste a un licenciado en Recursos Humanos y te alcanzó para comprarte un Kinect con cinco juegos.
  7. Luego, déjate de mamadas. Ver el punto 1. No sabes programar, no estás construyendo nada, estás usando lo que Zuckerberg hizo para ganar dinero sin esfuerzo. En suma, no eres mejor que un merolico que vende agua azucarada como el elíxir que lo cura todo.
  8. Ah, y The Social Network es una película. Basada en un libro. No es “de deveras” porque sólamente quienes estuvieron involucrados en el asunto saben qué fue lo que pasó. Y, aún así, cada quien bajo su perspectiva. Ya saben, cada quien es el héroe de su propia historia. No es un docudrama, ni un documental ni un mockumentary. Es u-na pe-lí-cu-la. Por el nivel de comprensión de algunos de ustedes, Tron es un documental de Discovery Channel de cómo funcionan las computadoras ¿verdad?

*La Ivy League no es una liga de futbol soccer, imbécil.

La insoportable liviandad del venti

México jamás dejará de ser un pueblote. En serio. Es un pueblo con quiosco, mariachi, nieves de sabores y presidentes municipales de caricatura de Rius. Todo lo que pase en una población pequeña y pedorra, se puede extrapolar al resto del país. Lo cual, claro, le da en la madre a esa “diversidad de pensamiento” que se supone existe.

Piensen en ese pueblillo que fueron a visitar en su fin de semana largo. Ajá, ese que tenía cuatro calles, un par de iglesias y un Wal-Mart a la salida. Si ustedes han permanecido el tiempo suficiente en uno de estos lugares como para que un nuevo negocio aparezca, se habrán dado cuenta que los habitantes van en grupos a husmear por fuera, primero, y a consumir, después. Inevitablemente, habrá cinco personas que declaren que acudieron des-de el pri-mer dí-a y otros cinco que digan que ese negocio es una porquería.

Ahora, piensen en Starbucks. Ajá, ese lugar de bebidas rápidas. Porque ese es el punto ¿eh? Entrar, pedir tu ventideslactosadolattechaiespumosoconespacioparaelego, tal vez una botellita de agua, pagar e irte. Esa es la función principal. La siguiente es, si no tienes mucho que hacer, pedir tu grandecaramelmachiattocondobleshotdehormonas, tal vez un sándwich, sentarte afuera o adentro y ver pasar a la gente o revisar tu correo o redes sociales desde un dispositivo con Wi-Fi, que la empresa otorga como un valor agregado para los clientes.

Y es que el 87.3% de la razón del éxito de Starbucks es eso, el “valor agregado”, ese extra, ese yo no se qué. Pero sí sabes qué. Dada la proporción, podría decirse que el café, así, plano, es en realidad el bonus.

No nos engañemos: vamos a Starbucks por café y zalamería. Si quisiéramos buen café y malas caras, iríamos a algún carrito de Illy o a un Punta del Cielo. Bueno, si existieran los suficientes en mitad de los trayectos diarios. Pero no es así y en los Starbucks tienen la misión de hacerte sentir “como en casa”. Aunque supongo que en casa no le pones un aro de cartón corrugado al vaso. El proceso ya lo conocemos: llegas, observas por cinco minutos el menú en la pared, alguien bufa detrás de ti porque te estás tardando mucho y terminas pidiendo la misma combinación. Todo es “hola” y “claro” y “¿cómo te llamas?” Y, sinceramente ¿qué tan a menudo te preguntan tu nombre? De acuerdo, en este caso es para ponérselo al vaso con un Sharpie, pero da cierta sensación de pertenencia. Las sonrisas son constantes, los “que tengas un buen día” saltan presurosos, el “¿lo deseas caliente?” no se hace esperar. y, de nuevo ¿cuándo fue la última vez que te preguntaron si lo deseabas caliente?

No necesitan contestar eso.

Luego, te vas, vaso en mano, con tu nombre garabateado. Es la nueva nametag. “HOLA, MI NOMBRE ES adolfo” O te quedas, te sientas a beber café en ese ambiente libre de gérmenes al 79%. O te sientas afuera, en el ambiente lleno de gérmenes al 100%. Te conectas a Google Talk, a Live Messenger, a Meebo, a Skype. Le tomas una foto al sándwich. Espías la laptop de al lado y luego te burlas en Twitter. Pones “aburrido” en tu status de Facebook. Bueno, no, en realidad pones: “¡Disfrutando un delicioso café acompañado del mejor panini del universo, guau, amo este planeta y todo lo que contiene!” Pero estás aburrido. Te quemas la lengua con el altodeldíasinespacioparaleche. Querías capuchino, pero no está in pedir capuchino. Vamos, ni siquiera está in decir “está in”.

El café de Starbucks es bueno. Como en “meh”. No es el mejor café del mundo y, después de todo, en realidad suples tu necesidad de cafeína en cualquier momento con un vaso genérico de 7-11 u OXXO. Incluso vas por el de la máquina de Nescafé del piso de abajo. Otra vez: no vas por el café forzosamente. Vas a que te sonrían, te ofrezcan calentarte el emparedado, pagues un precio alto por todo, te pregunten tu nombre y salgas con él escrito n un vaso. Y ¿sabes qué? Está bien. Está pocamadre. Está increíble. Porque para eso está diseñado. Porque hay capacitaciones y seminarios y pláticas interminables acerca de la mejor manera de agregarle leche a un latte y la terminología local.

Pero, claro, todo queremos hacerlo más complicado y ensalzarlo o buscarle defectos. Un ejemplo perfecto son Wal-Mart y Sam’s Club. La gente se pasea por los pasillos ataviada como si estuviese comprando en Rodeo Drive, aunque, por origen, son tiendas baratas. Busquen “people from Wal-Mart” en Google y verán quiénes compran ahí en Estados Unidos. Pasa lo mismo con Starbucks. Acude, sí, mucha gente que se siente parte de la élite porque se puede costear un café de 45 pesos, sentarse en un sillón y pretender que trabaja en “LA NOVELA”. O te llevas algo para el camino, quejándote internamente todo el tiempo que es la última vez que vas a esa cafetería sobrevaluada. Pero, con tu vaso blancoverde en la mano.

Lo que es en realidad idiota es ir y hacer de cuenta que tu paladar exquisito, ese que sólo ha sido tocado por manjares de los dioses como los tacos de carnitas del mercado sobre ruedas sabatino o las albóndigas de tu mamá, es demasiado exigente para estar ahí. A saber, las peroratas más imbéciles que he escuchado son:

• Ay, me caga que se llamen venti, grande y alto. Para mí son grande, mediano y chico.
• Puag, pinche café es malísimo.
• ¿Qué es esa mamada de decirles baristas?
• ¿60 pesos por un café con leche? Mejor me lo hubiera tomado en mi casa.
• Hay tanto poser aquí.
• Lando Calrissian. Sí, así me llamo.

Todas, todas, las he oído de gente que va diario. No una vez por semana, no un par de veces al mes. Diario. Primero ¿no te gusta la nomenclatura? Así es el protocolo. No vayas. ¿No te gusta el café? Compra el tuyo, prepáralo en casa, ponlo en tu vaso térmico. No vayas ¿Baristas? En el OXXO te lo sirves tú. No vayas ¿Muy caro? El vaso en los minisúpers cuesta en promedio 12 pesos. No vayas ¿Mucho poser? Mira, esto es un espejo. No vayas ¿Nombres alternativos porque te caga el que te puso tu papá al calor de un par de tequilas? Las primeras cuatro veces es gracioso, después es decididamente patético. No vayas.

¿Se entiende lo que acabo de escribir? Digo, hay muchas cafeterías. No, no todas tienen las bebidas para llevar, pero muchas sí. Puedes comprar una cafetera. Puedes ahorrarte esa tortura, ay, tan medieval e innecesaria de que tengas que decirle “venti” al vaso grandote. Puedes dejar de pretender que estás entrando al infierno o al paraíso cada vez que pisas un Starbucks. En serio, es una actitud que de tanta repetición se vuelve cansada y molesta. Nunca he escuchado a nadie quejarse del nombre de las salas VIP del cine, alegando que deberían llamarse “de lujo” o “para gente muy importante”. Entonces ¿por qué no le paramos un poco a tanta estupidez? ¿O sabe mejor el altoespressoamericano con quejas que con mascabado?

Al final, sí, es una cafetería con café regular y precios altos. Y, como en un pueblo, con gente que se queja del costo (pero lo paga), rancherotes que se sienten Rockefeller, mariachis que se sienten Maria Callas y, aunque usted no lo crea, personas normales que van por una bebida. Sin contar a los tarados que “se mean” en el “servicio”, mientras piden, claro que sí, las 20 onzas de lo más parecido al amor y al respeto propios que encontrarán ese día. O el siguiente.

Un anuncio de servicio público

Hola. Este es un anuncio de servicio público de parte de su Tío Lex.

Este símbolo se llama “arroba”

La RAE tiene esto que decir acerca del símbolo:

Como pueden notar, a pesar de lo “anticuada” que muchos consideran a la RAE, sí, viene incluida la definición que conocemos bien. Incompleta, pero ahí está.

Básicamente, la arroba (en cuestiones de dominios y correos electrónicos) determina la “pertenencia a” y puede referirse a la preposición “en”. Es decir, cuando yo digo que mi dirección de correo electrónico es

alexserna@laberintobbs.com

Quiere decir que, dentro del servidor llamado ‘laberintobbs.com’, mi nombre es ‘alexserna’. Simple y claro.

¿Saben que es lo que NO viene en la definición? Que el símbolo llamado arroba tenga el valor “o” y “a” alternativamente dentro de una palabra. Por ejemplo, cuando alguien escribe:

“wOw mis amig@s son lo mximo, l@S kiero kbron”

Podemos determinar, primero, que escribe como si tuviera daño cerebral. Luego, que”amig@s” en realidad sonaría “amigens” o “amigarrobas”.

Entonces, dejen de hacer esas pendejadas. Huevones de mierda.