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De cómo perpetuar un estereotipo

Miren, hace unos días vi un comercial de TV que se me hizo pésimo. En él sale un tipo que se llama Landon Donovan (lo tuve que buscar en Google) y que es jugador de sucker.

He leído una y otra vez a la gente que se rasga las vestiduras en el sentido de que en la publicidad internacional nos siguen viendo como unos panzones, morenos y huevones. No sé qué tan falsa sea la aseveración. A ver, piensen en alguien que los haya metido en problemas porque no hizo su trabajo ¿cómo es?

Pero decía, hay gente que se ofende por comerciales como el de la Texican Whopper que puse aquí mero. Es que no somos así, es que por qué el enanito tiene que ser el que limpia, es que por qué un luchador, ay, la hamburguesa ni siquiera tiene sus rajitas en escabeche. Blablablabla. Para ellos, todos deberíamos sentirnos ofendidísimos por la manera en que nos ven dos copys en una sala de juntas en Chicago, que reciben su dosis de latino power (jo,jo,jo) de parte de Telemundo, Univisión y los paisanos (ilegales) que se encuentran en las calles. ¿Por qué? Bueno, quién sabe.

Sí, la publicidad ya llega a todos lados gracias a Internet. Me encantaría saber qué piensan los negros (que no sean mexicanos), los asiáticos, los europeos, los estadounidenses, de la visión que se proyecta desde acá. En publicidad se vive una especie de realidad en 3D con ácido, porque es tan fugaz que si no capta la atención del cliente, primero y de los consumidores, después, no sirve. Hay anuncios muy creativos y efectivos y otros de plano copia de la copia, como los de Yoo, Telcel y hasta el de Gana Gol, que, si recuerdan, es una copia al carbón de los anuncios de Cerveza Victoria de hace un par de años.

La ‘imagen’ es muy importante para los santiguados. No quiero que el neoyorkino panzón de 150 kilogramos de rock, que se comprará la Texican Whopper porque ya probó todo el resto del menú, piense que yo, Alejandro Serna, practico la lucha libre (lo cual sería, en realidad, pocamadre) o que uso un sombrero y un jorongo (que después de tres tequilas, hasta los más blanquitos y chapeados se colocan con alegría).

Miren, ya sé cuál es el argumento. “Es que no eres nada más tú, somos  todos los mexicanos de esta tierra del cenzontle” y , de nuevo, blablabla. Sólo alguien extremadamente idiota, llegando a niveles clínicos, podría pensar que el comercial de una hamburguesa o de un vodka representa a todos y cada uno de los mexicanos en esta tierra quebonita quelindaes. Y ¿a quién le importa la opinión de un tarado? Es decir, estamos en el 2010 y quien, en el mundo real, tenga en la mente que en este país la gente duerme recargada en un cactus, bueh, es porque de plano nunca ha salido de su cuarto y todo lo que tiene para ver son dos episodios de Speedy Gonzalez.

Pero, pasando al comercial de Gana Gol, ejem, hay un mexicano echando la hueva, un jugador de sucker vestido de Chano (o Chon, no lo vi bien) y, por supuesto, fútbol. Ahora esas buenas conciencias se irán en contra de Televisa, porque cómo es posible, ni que la gente hiciera tantas pendejadas por el sucker y ni que los oficiales en las fronteras nada más estuvieran esperando a ver a quién estafan mientras se están rascando los pliegues. No es como si hubiera miles de empleados de oficinas de gobierno haciéndose pendejos en su escritorio mientras comen todo tipo de porquerías. O como si escucháramos todos los días: venga mañana, mejor después, ¿de a cómo va a ser? Todo eso es falso ¿verdad?

¿Verdad?

- Ah, y por si se preguntaban por el título del post, no me refiero a los comerciales como manera de eternizar la imagen de paisanito sombrerudo. Desde luego, la clave para hacer que un estereotipo dure años y años, es que cada uno siga haciendo las cosas que construyen a dicha imagen cliché. Digo, nada más por si no se entendió con toooodo lo anterior.

Un vistazo al futuro

Miren, los comerciales de televisión que se va a volar Telcel en estos días. Bueno, no lo sé de cierto, pero si copiaron el de Sprint, no les causará ningún conflicto plagiar estos.

Gracias al Chaco Veloz por el aviso.

Dos imágenes Dos

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Primero Así se promociona una película. Sin agregarle un subtítulo idiota que nada tenga que ver. Y sin cambiar el sentido del título. Además, no da explicación alguna, se integra con un elemento urbano (ay, ay, el mamón) y no te da ningún spoiler. Los vi en Santa Fe y en el camino a mi casa. El de la foto, en Insurgentes y Félix Cuevas.

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Segundo Ya me habían hablado de esto. Miren, no todo puede ponerse en lata. Este es un ejemplo clarísimo ¿Jack Daniels? No me jodan, no es lo mismo. Me pregunto que haría el Teniente Coronel Slade en caso de que le llevaran una de éstas al pedir a su buen amigo John.

“Total, nadie se va a dar cuenta”

Eso es seguramente lo que dicen los (huevones) creativos responsables de varias campañas. ¿Las más notorias en estos días? Yoo, un servicio de cable, teléfono e Internet de tres de los tres proveedores más conocidos en México y Telcel, la compañía de telefonía celular que muchos maldicen. El primero copia, sin vergüenza alguna, a los spots de Apple “I’m a Mac, I’m a PC”. El segundo, se vuela las ideas menos interesantes de un spot de Sprint, que, en Estados Unidos, además opera a uno de los competidores de Telcel, Nextel. Les dejo las comparaciones y ustedes los juzgarán.

I’m a Mac, I’m a PC

Yoo

Sprint

Telcel

Has visto demasiado porno

Si eres publicista y haces esto (clic para verla más grande)

Raztachoc

¿A quién en sus cinco sentidos se le ocurre que es una buena idea poner al Negrito de Bimbo, apuntando al consumidor con una figura fálica color chocolate y con un goo blanco en la punta? Ya, en serio ¿o sólo yo lo veo lascivo?

Del odio equivocado

Wow En los últimos meses he visto como cada vez más gente se fija en las campañas publicitarias. Me refiero a la manera en que están hechas, la calidad de las actuaciones y hasta si el concepto es novedoso. Hace no mucho, era más sencillo (o complicado). El chiste era tener un jingle pegajoso, cosa nada fácil de crear pero sí de aprender.

Justo anoche veía un episodio de Seinfeld en donde repetían la frase “by Mennen”. Como esa hay varias. A que no puedes comer sólo una, la chispa de la vida, como en ningún otro lugar. La crema de la cerveza. Todo era vía TV o radio.

Ahora, con eso de las redes sociales, puedes enterarte qué opinan 3479 personas que ni conoces y poco te importan, acerca de manera en la que las empresas deciden anunciar sus productos. Generalmente, son grupos de Facebook que empiezan por “yo también odio a ______”. En el espacio vacío, inserten por favor el gimmick, personaje o animal que se les ocurra.

Es muy curioso. Nunca he visto un grupo que se llame “Agencia Publicitaria Z está de la verga”, sino que toda la culpa cae sobre los monitos que salen en la tele. Es algo que me hace pensar que no hemos dejado de ser orangutanes con los brazos colgando hasta el suelo. Una mentira en las noticias es culpa de López Dóriga (quien le llame Teacher sin haber trabajado para él o siquiera conocerlo, está en el puto hoyo) o Javier Alatorre, pero nadie se acuerda que atrás hay un equipo de redactores, reporteros, corresponsales, camarógrafos y muchos, muchos más. Claro, además de la famosa línea editorial de la cadena en cuestión.

Pasa igual con las campañas. El perro Wow (¿ese es su nombre?), la Niña del PRD, el gordo de los comerciales de Yoo, los actores de la campaña de Jumex. De pronto hay un montón de gente diciendo que la campaña está de la pistola porque los personajes están de la ídem. Fueron incontables las quejas que leí y escuché acerca de la niñaperredé en tiempos electorales. Últimamente es contra el tipo que sale en los comerciales de Yoo, que, como muchos sabemos, son un plagio directo de los de Mac con Justin Long. Lo más gracioso es que le echan la culpa al gordo y a Televisa, cuando Yoo es un producto lanzado por Megacable, Cablemás y Cablevisión.

A lo que quiero llegar es a esto. Les parecerá sorprendente, pero ni el perro, ni el gordo, ni Mariana idearon la manera de promocionar lo que sea que promocionan. Lo diré despacito para que me entiendan: no se-an pen-de-jos. El can seguramente es un can y ya, que se mea en las alfombras y se frota contra la pierna de algún incauto. Niñaperredé, Gordo Telmex Aimapicí y otros ilustres personajes, son actores. Antes de que ellos entren en la escena, hubo juntas de planeación, lluvia de ideas, dummies, presentaciones de presupuesto, de proyecto, storyboards, desaprobaciones y aprobaciones. Luego, casting. Luego, guiones, ensayos, firma de permisos de la ANDA y entonces sí entran los actores y actrices, quienes no tuvieron nada que ver en el proceso creativo (o plagiario, si quieren), ni en cuánto dinero iban a gastarse las empresas o sí el copy tuvo la idea brillante después de ver cinco horas de YouTube en la oficina.

No, los actores están ahí porque es trabajo. Es dinero en el bolsillo. Sí, sí, ya sé. “Pero si ellos saben que el comercial va a estar de la verga, deberían decir que no y buscar otra cosa” Ajá. Díganme eso la próxima vez que un profesor les deje una tarea que odien con todo su corazón (y que harán) o que su jefe les pida que hagan una llamada o envíen un mail que les cause náuseas. No digo que todo mundo deba bajarse los calzones y guiñar el ojo, sino que hay cosas que a veces no queremos hacer, porque nos causan asco. En el caso de los actores, tienen el consuelo de la interpretación, del ‘hacer creer’. Y, como lo dije antes, es más importante saber que recibirán una paga.

Entonces ¿de quién es la culpa? Bueno, al mismo tiempo, de los creativos de las campañas y de las empresas que pagan por ellas. Si trabajas en publicidad, debería ser tu misión en la vida hacer cosas realmente sorprendentes y cabronas que sean copiadas por otros, no al revés. Si eres parte de una empresa que paga por esas copias o malas ideas, estás tan del culo como los primeros, por no estar actualizado, ver la televisión o abrir una página de Internet o una puta revista. Es estar consciente del mundo que te rodea y no ser un zombi corporativo que a todo dice que sí, o un cabroncito huevón sin ganas de crear, pero sí con la idea en la cabeza de “todos son unos pendejos y nadie se va a dar cuenta”. Total, alguién más ya trabajó, rasquémonos los pliegues.

Echarle la culpa a los actores es como si hubieran condenado al cuchillo cebollero de OJ a 45 años de prisión. Los instrumentos no son los culpables, sino quienes los usan. Así que tengan criterio y no escuchen a ese montón de tarados que siguen pensando que la televisión es un aparato mágico y que la gente vive dentro de ella.

Lo sorprendente es que, incluso gente que trabaja en medios de comunicación, llega a tener esas opiniones. Gotjelposol.