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Este es un anuncio de servicio social para los Social Media Whores

Estimado Querido Apreciado Autoproclamado “Social Media Expert”:

  1. No eres Mark Zuckerberg. Te lo repito, NO eres Mark Zuckerberg.
  2. Según la película The Social Network, Mark Zuckerberg, CEO de Facebook, es un asno con pésima actitud. Adoptar esa personalidad (como has adoptado la de fiestero incansable y workholic vicioso) sólo te convierte en eso, en un idiota.
  3. El tipo, te guste Facebook o no, estaba estudiando en Harvard. A esa universidad no entra cualquier tarado*. Ya no digamos tú, que a duras penas (y copiando) pasaste el bachillerato.
  4. Es muy probable que Zuckerberg haya mentido, engañado y hecho trampa para lograr que Facebook se estableciera. Pero también dejó de dormir, programó (en código, no en una agenda), buscó colaboradores capaces y estableció un modelo de negocios para una red social.
  5. En contraste: tú engañas a los crédulos de algunas empresas diciéndoles que saber abrir una cuenta de Twitter o Facebook, las cuales ni siquiera vas a administrar tú, sino un becario de la misma empresa, es una carrera. Sales a “los lugares de moda”, haces check-in cuando hay alguien que tiene más de 1,000 followers y te haces pasar por su “amigo”. Y luego, hablas mal de las empresas para las que has trabajado. Encima de todo, les cobras.
  6. Pero, la diferencia es la siguiente: Mark Zuckerberg es un tipo que podría comprar la virginidad de tus bisnietas. Así nomás. Tú te sientes poderoso porque engañaste a un licenciado en Recursos Humanos y te alcanzó para comprarte un Kinect con cinco juegos.
  7. Luego, déjate de mamadas. Ver el punto 1. No sabes programar, no estás construyendo nada, estás usando lo que Zuckerberg hizo para ganar dinero sin esfuerzo. En suma, no eres mejor que un merolico que vende agua azucarada como el elíxir que lo cura todo.
  8. Ah, y The Social Network es una película. Basada en un libro. No es “de deveras” porque sólamente quienes estuvieron involucrados en el asunto saben qué fue lo que pasó. Y, aún así, cada quien bajo su perspectiva. Ya saben, cada quien es el héroe de su propia historia. No es un docudrama, ni un documental ni un mockumentary. Es u-na pe-lí-cu-la. Por el nivel de comprensión de algunos de ustedes, Tron es un documental de Discovery Channel de cómo funcionan las computadoras ¿verdad?

*La Ivy League no es una liga de futbol soccer, imbécil.

Si eres un asno, no vayas al cine

Todos nos quejamos de distintas cosas. En el cine, existen varios entes con los que preferimos no compartir la sala: los que se la pasan explicándose mutuamente la película, los que nunca encuentran el menú de “Silencio” en su celular o los que te patean la butaca nada más porque están aburridos.Sí, a todos ellos deberían darles unos azotes y alimentarlos con bolo fecal y blablabla.

Con la época navideña llegan muchas películas que son clasificación A. Clasificación A como en “para toda la familia”. Toda la familia como en “pueden entrar desde los niños hasta los tatarabuelos”. Niños como en: “esa etapa de la vida que dejaste atrás hace 10 años, pero que SÍ viviste”. Y también llegan algunas que tienen la clasificación “no menores sin la presencia de un adulto”, como Harry Potter y las Reliquias de la Muerte. Ambos tipos de película atraen a un asno muy particular, el que a la menos provocación dice que “le caga que vayan niños a las funciones”.

No me malentiendan. Creo que es un error llevar, por ejemplo, a un bebé a una función de cine. No quiere estar ahí, no sabe en dónde está, va a llorar y cuando tenga veinte años no recordará haber visto la película. Pero cuando es una cinta que está permitida para que vayan los niños, que la esperan todo el año, no veo el problema con que sus mayores los lleven.

Ah, pero convenzan de ello a los tarados que se quejan desde que entran que hay “muchos niños en la sala” ¿Pues qué esperabas, Sherlock? Es Harry Potter. Es Toy Story. Es el jodido Madagascar o la jodida Era del Hielo ¿Qué pensabas? ¿Que los niños iban a decir “no, mejor no voy porque a Don Mamón no le gusta que haya gente 12 años menor que él en la sala? No jodan. Una cosa es molestarse porque algún tipo hace gala de los peores modales del mundo y otra porque hay pequeños que disfrutan la película y ríen o hacen preguntas.

Mi consejo: ¿No quieres niños en la sala? Ve a la función de medianoche ¿No quieres gente en la sala? No vayas al cine. Espera en tu casa al Blu-ray, enciérrate, descuelga el teléfono y pide comida a domicilio. Pero déjate de estupideces. Es como si no quisieras encontrar gays en un concierto de Lady Ga-ga.

La insoportable liviandad del venti

México jamás dejará de ser un pueblote. En serio. Es un pueblo con quiosco, mariachi, nieves de sabores y presidentes municipales de caricatura de Rius. Todo lo que pase en una población pequeña y pedorra, se puede extrapolar al resto del país. Lo cual, claro, le da en la madre a esa “diversidad de pensamiento” que se supone existe.

Piensen en ese pueblillo que fueron a visitar en su fin de semana largo. Ajá, ese que tenía cuatro calles, un par de iglesias y un Wal-Mart a la salida. Si ustedes han permanecido el tiempo suficiente en uno de estos lugares como para que un nuevo negocio aparezca, se habrán dado cuenta que los habitantes van en grupos a husmear por fuera, primero, y a consumir, después. Inevitablemente, habrá cinco personas que declaren que acudieron des-de el pri-mer dí-a y otros cinco que digan que ese negocio es una porquería.

Ahora, piensen en Starbucks. Ajá, ese lugar de bebidas rápidas. Porque ese es el punto ¿eh? Entrar, pedir tu ventideslactosadolattechaiespumosoconespacioparaelego, tal vez una botellita de agua, pagar e irte. Esa es la función principal. La siguiente es, si no tienes mucho que hacer, pedir tu grandecaramelmachiattocondobleshotdehormonas, tal vez un sándwich, sentarte afuera o adentro y ver pasar a la gente o revisar tu correo o redes sociales desde un dispositivo con Wi-Fi, que la empresa otorga como un valor agregado para los clientes.

Y es que el 87.3% de la razón del éxito de Starbucks es eso, el “valor agregado”, ese extra, ese yo no se qué. Pero sí sabes qué. Dada la proporción, podría decirse que el café, así, plano, es en realidad el bonus.

No nos engañemos: vamos a Starbucks por café y zalamería. Si quisiéramos buen café y malas caras, iríamos a algún carrito de Illy o a un Punta del Cielo. Bueno, si existieran los suficientes en mitad de los trayectos diarios. Pero no es así y en los Starbucks tienen la misión de hacerte sentir “como en casa”. Aunque supongo que en casa no le pones un aro de cartón corrugado al vaso. El proceso ya lo conocemos: llegas, observas por cinco minutos el menú en la pared, alguien bufa detrás de ti porque te estás tardando mucho y terminas pidiendo la misma combinación. Todo es “hola” y “claro” y “¿cómo te llamas?” Y, sinceramente ¿qué tan a menudo te preguntan tu nombre? De acuerdo, en este caso es para ponérselo al vaso con un Sharpie, pero da cierta sensación de pertenencia. Las sonrisas son constantes, los “que tengas un buen día” saltan presurosos, el “¿lo deseas caliente?” no se hace esperar. y, de nuevo ¿cuándo fue la última vez que te preguntaron si lo deseabas caliente?

No necesitan contestar eso.

Luego, te vas, vaso en mano, con tu nombre garabateado. Es la nueva nametag. “HOLA, MI NOMBRE ES adolfo” O te quedas, te sientas a beber café en ese ambiente libre de gérmenes al 79%. O te sientas afuera, en el ambiente lleno de gérmenes al 100%. Te conectas a Google Talk, a Live Messenger, a Meebo, a Skype. Le tomas una foto al sándwich. Espías la laptop de al lado y luego te burlas en Twitter. Pones “aburrido” en tu status de Facebook. Bueno, no, en realidad pones: “¡Disfrutando un delicioso café acompañado del mejor panini del universo, guau, amo este planeta y todo lo que contiene!” Pero estás aburrido. Te quemas la lengua con el altodeldíasinespacioparaleche. Querías capuchino, pero no está in pedir capuchino. Vamos, ni siquiera está in decir “está in”.

El café de Starbucks es bueno. Como en “meh”. No es el mejor café del mundo y, después de todo, en realidad suples tu necesidad de cafeína en cualquier momento con un vaso genérico de 7-11 u OXXO. Incluso vas por el de la máquina de Nescafé del piso de abajo. Otra vez: no vas por el café forzosamente. Vas a que te sonrían, te ofrezcan calentarte el emparedado, pagues un precio alto por todo, te pregunten tu nombre y salgas con él escrito n un vaso. Y ¿sabes qué? Está bien. Está pocamadre. Está increíble. Porque para eso está diseñado. Porque hay capacitaciones y seminarios y pláticas interminables acerca de la mejor manera de agregarle leche a un latte y la terminología local.

Pero, claro, todo queremos hacerlo más complicado y ensalzarlo o buscarle defectos. Un ejemplo perfecto son Wal-Mart y Sam’s Club. La gente se pasea por los pasillos ataviada como si estuviese comprando en Rodeo Drive, aunque, por origen, son tiendas baratas. Busquen “people from Wal-Mart” en Google y verán quiénes compran ahí en Estados Unidos. Pasa lo mismo con Starbucks. Acude, sí, mucha gente que se siente parte de la élite porque se puede costear un café de 45 pesos, sentarse en un sillón y pretender que trabaja en “LA NOVELA”. O te llevas algo para el camino, quejándote internamente todo el tiempo que es la última vez que vas a esa cafetería sobrevaluada. Pero, con tu vaso blancoverde en la mano.

Lo que es en realidad idiota es ir y hacer de cuenta que tu paladar exquisito, ese que sólo ha sido tocado por manjares de los dioses como los tacos de carnitas del mercado sobre ruedas sabatino o las albóndigas de tu mamá, es demasiado exigente para estar ahí. A saber, las peroratas más imbéciles que he escuchado son:

• Ay, me caga que se llamen venti, grande y alto. Para mí son grande, mediano y chico.
• Puag, pinche café es malísimo.
• ¿Qué es esa mamada de decirles baristas?
• ¿60 pesos por un café con leche? Mejor me lo hubiera tomado en mi casa.
• Hay tanto poser aquí.
• Lando Calrissian. Sí, así me llamo.

Todas, todas, las he oído de gente que va diario. No una vez por semana, no un par de veces al mes. Diario. Primero ¿no te gusta la nomenclatura? Así es el protocolo. No vayas. ¿No te gusta el café? Compra el tuyo, prepáralo en casa, ponlo en tu vaso térmico. No vayas ¿Baristas? En el OXXO te lo sirves tú. No vayas ¿Muy caro? El vaso en los minisúpers cuesta en promedio 12 pesos. No vayas ¿Mucho poser? Mira, esto es un espejo. No vayas ¿Nombres alternativos porque te caga el que te puso tu papá al calor de un par de tequilas? Las primeras cuatro veces es gracioso, después es decididamente patético. No vayas.

¿Se entiende lo que acabo de escribir? Digo, hay muchas cafeterías. No, no todas tienen las bebidas para llevar, pero muchas sí. Puedes comprar una cafetera. Puedes ahorrarte esa tortura, ay, tan medieval e innecesaria de que tengas que decirle “venti” al vaso grandote. Puedes dejar de pretender que estás entrando al infierno o al paraíso cada vez que pisas un Starbucks. En serio, es una actitud que de tanta repetición se vuelve cansada y molesta. Nunca he escuchado a nadie quejarse del nombre de las salas VIP del cine, alegando que deberían llamarse “de lujo” o “para gente muy importante”. Entonces ¿por qué no le paramos un poco a tanta estupidez? ¿O sabe mejor el altoespressoamericano con quejas que con mascabado?

Al final, sí, es una cafetería con café regular y precios altos. Y, como en un pueblo, con gente que se queja del costo (pero lo paga), rancherotes que se sienten Rockefeller, mariachis que se sienten Maria Callas y, aunque usted no lo crea, personas normales que van por una bebida. Sin contar a los tarados que “se mean” en el “servicio”, mientras piden, claro que sí, las 20 onzas de lo más parecido al amor y al respeto propios que encontrarán ese día. O el siguiente.

Un anuncio de servicio público

Hola. Este es un anuncio de servicio público de parte de su Tío Lex.

Este símbolo se llama “arroba”

La RAE tiene esto que decir acerca del símbolo:

Como pueden notar, a pesar de lo “anticuada” que muchos consideran a la RAE, sí, viene incluida la definición que conocemos bien. Incompleta, pero ahí está.

Básicamente, la arroba (en cuestiones de dominios y correos electrónicos) determina la “pertenencia a” y puede referirse a la preposición “en”. Es decir, cuando yo digo que mi dirección de correo electrónico es

alexserna@laberintobbs.com

Quiere decir que, dentro del servidor llamado ‘laberintobbs.com’, mi nombre es ‘alexserna’. Simple y claro.

¿Saben que es lo que NO viene en la definición? Que el símbolo llamado arroba tenga el valor “o” y “a” alternativamente dentro de una palabra. Por ejemplo, cuando alguien escribe:

“wOw mis amig@s son lo mximo, l@S kiero kbron”

Podemos determinar, primero, que escribe como si tuviera daño cerebral. Luego, que”amig@s” en realidad sonaría “amigens” o “amigarrobas”.

Entonces, dejen de hacer esas pendejadas. Huevones de mierda.

Scott Pilgrim en México, 5 de noviembre

Tenía que empezar escribiendo las malas noticias, claro. En Estados Unidos, Scott Pilgrim vs The World se estrenó el 13 de agosto, esto es, llegará a México dos meses y tres semanas después. De acuerdo, no fue un éxito en taquilla, pero les puedo asegurar que será una de esas películas de culto que tendrá una gran cantidad de seguidores en poco tiempo y que venderá muchos, muchos DVD y Blu-ray.

Hablando del video, el rumor es que saldrá a la venta en ese mes, lo que vuelve ligeramente inútil el estrenarla tan tarde. Yo estoy consciente de que la audiencia de Scott Pilgrim no es masiva, no irán en tropel a verla como si fuese una (ugh) película de Eugenio Derbez o un blockbuster de desastres de Roland Emmerich. Pero también es cierto que cortar las posibilidades de una cinta basada en un gran trabajo en novela gráfica, respaldada por la dirección de Edgar Wright y con un tema que le puede llegar a cualquiera (la existencia de los fantasmas de relaciones pasadas) y aderezada con un trabajo visual que es distinto a lo que estamos a ver en pantalla, no suena a una decisión lógica y pensada.

Ahora, uno podría pensar: ok, pero le van a dejar el título de “Scott Pilgrim Contra el Mundo”. Y uno estaría equivocado. A pesar de que el título es bastante directo, la lógica que me imagino que prevaleció en el momento de traducirlo debió ser algo así:

-¿Cómo le ponemos?

-Pus es con el güey de Yuno.

-Ah, pues Scott Pilgrim crece, corre y se tropieza

-No, se va a notar

-Ah, pues hubo otra película en la que también lucha por andar con una chava. Se llama “La chica de mis sueños”}

-Ándale, pero creo que dicen algo de unos exnovios.

-¡Ya sé, ya sé!

-¡Eres un genio! Mereces un aumento.

¿Cómo van a poner eso en las marquesinas? Ni idea ¿Cuánto va a a durar en cartelera? Dos semanas, como Kick-Ass, muy probablemente.

Maldición.

Este es un post bicentenario

Porque aparentemente cualquier cosa tiene que ver con ello. Mientras escribo esto, hay un partido de sucker entre México y España. ¿Por qué? Bueno, porque conmemoramos cómo hace 200 años también hubo un juego de futbol entre los Conquistadores y los Nativos. Digo, debe ser por eso ¿no?

Entonces, yo conmemoro con este post cómo hace 200 años alguien más escribía uno. O un códice. Algo. Todo es bicentenario. La imagen que acompaña esta entrada es bicentenaria. Su mamá es bicentenaria. Les dará una influenza bicentenaria. Comeremos Tacos de Tortilla Española Bicentenaria.

Atentamente

Mis Bicentenarios Huevos