Category: Rant

Estimado asno #3

  • Las empresas no tienen por qué regalarte nada simplemente porque te la pases jodiéndolos vía Twitter o Facebook. Ya en esas, no tienen obligación tampoco de darte ninguna mercancía o trato especial porque hablas de ellos en tus redes sociales. A ver si despertamos: tienes 400, 1,300 ó 5,000 followers ¿y? La mitad son bots, luego está la gente de tu oficina (quienes usaron su cuenta de Twitter para decir “ai ke rraro esta ésto”) y un montón de gente que no conoces, no te conocen y, por ende, no confían en ti. No eres un líder de opinión ni en tu lugar de trabajo, apenas si saben tu nombre. ¿Quieres algo? trabaja, obtén dinero, págalo.
  • El hecho de que alguien le ponga crédito a su celular de prepago en la fila del OXXO no lo convierte en un naco instantáneo. Después de todo, estás tres lugares detrás de él en la fila y, cajum, vas a la misma tienda.Y llevas Chips de jalapeño, por los clavos de Yisuscráist.
  • No, tus gustos musicales no son los de todo el mundo. El celular que te vendieron incluía audífonos, úsalos, aprende a amarlos. Traer el celular a todo volumen con Tequendama de Oro 36 debería ser causal de cárcel y tortura por cabra.
  • El “meterte” en una fila no te hace un tipo “bien listo”, “abusado” o “más chingón”. Si acaso, estás al nivel de los que se ponen detrás de una ambulancia que circula a toda velocidad. Eres una sanguijuela y deberían quemarte como tal.
  • Sigue “quemando” a tus antiguos (o actuales) empleadores y compañeros de trabajo en tus redes sociales. Eso le dará una idea a aquellos que consideren contratarte del tipo de “profesional” que eres.

Estimado asno #2

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  1. Sí, una de las maneras de demostrar tu predilección por un equipo deportivo es usar el jersey en cuestión. Pero el hecho de ponértelo para ir al súper, caminar por la calle y visitar a la familia es de imbéciles. Es el equivalente a que alguien se llevara una claqueta al salir a beber café o cuerdas de rappel al trabajo. Incluya aquí a los que llevan a la oficina la camiseta del concierto al que fueron un fin de semana antes .
  2. Desea todo lo que quieras que el actor de moda o el mal cantante desaparezcan del mundo. No va a suceder. Tampoco si lo dices cada cinco minutos.¿No es más fácil si, digamos, NO lo escuchas o ves?
  3. Las fechas de caducidad de los alimentos y medicinas NO son una “sugerencia”.
  4. Si vas a escribir algo en otro idioma, asegúrate de, por lo menos, saber la gramática básica. Aplica también si lo escribes en tu lengua natal.
  5. Repetir cada 10 minutos las variopintas formas en las que sostendrías un encuentro sexual con una persona del sexo opuesto tiene nombre. Se llama sobrecompensación y tú sabes qué estás compensando de más ¿verdad?
  6. Las letras “vdd” no tienen significado alguno. Si quieres escribir “verdad” hazlo, te toma la misma cantidad de tiempo. Claro, a menos de que seas Stephen Hawking. Y él tampoco lo abrevia ¿eh?
  7. Llevar los bolsillos llenos de monedas y objetos metálicos justo cuando vas a pasar por los rayos X del aeropuerto sólo es válido si eres un viajero del tiempo que llegó de 1803.
  8. Vale por un kilo de coherencia. Hazlo efectivo la próxima vez que opines que algo es detestable cuando cinco minutos antes lo alababas. Si lo haces válido antes de las 4 de la tarde, te regalan medio litro de criterio, pero debes llevar tu propio envase.
  9. Dejarle comentarios a tu celebridad favorita en un blog no garantiza que los leerá. Aplica en particular cuando el blog en cuestión no es el oficial, está en un idioma distinto al de la “estrella” y, además, en el post apenas si se hace mención. Internet no es “magia” ¿sabes?

La culpa ha sido tuya

Cuando entré a estudiar Comunicación, uno de los comentarios frecuentes fue: “ah, te vas a ir a hacer telenovelas”. La gente que me lo decía actuaba como si fuese un insulto y esperaban una retahíla de que jamás les recetaba. Yo veía telenovelas. Ahora no tengo mucho tiempo, así que veo uno o dos episodios (de 150) y me doy una idea de lo que trata la historia. Sigo sin negar que veo ese tipo de programas de vez en cuando, ¿por qué habría de hacerlo? En contraste, tengo compañeros de generación que de una manera apasionada y ofendida, juraban que no veían televisión. Nada. Ni las noticias. ¿por qué? Bueh, porque se me ocurrió que era buena idea hacer la carrera en una universidad en la que muchos sienten la obligación de volverse una suerte de neorrevolucionarios de bajo nivel que hacen “kilómetros” de moneditas para sacar a alguien de la cárcel o “apoyan” al huevonsísimo sindicato cuando quiere hacer una huelga.

Varios de ellos terminaron trabajando en alguna televisora o en empresas trasnacionales monstruosas. Yo creo que nunca habían sido tan felices como cada vez que llega la paga y piden zapatos carísimos de alguna tienda online. Pero no se me olvidan sus consignas y estupideces preprogramadas, porque las veo repetidas regularmente en mis redes sociales. Pareciera que me persiguen. ¿Cuál es el común denominador? Echarle la culpa a alguien más de cualquier cosa. Lo que sea, en serio.

La televisión idiotiza a la gente. Este es uno de los clichés más tarados que he leído en mi vida y miren que he leído estupideces. No falta el lector de La Jornada o el admirador de Rius o Magú que se queja amargamente de que la tele abierta nacional pasa telenovelas o programas de comedia. Hasta ahí vamos bien, creo que el televidente está en completa libertad de pedir qué es lo que quiere ver en su TV. ¿Cuál es el problema? Que inmediatamente estos abortos del CGH añaden que TV Azteca o Televisa hacen que la gente, que el tan cacareado “pueblo” sea imbécil. Primero parece que no se dan cuenta de que quieren “defender” a sus hermanos-mexicanos-bienvenidos-paisanos diciéndoles ‘pendejos’ y, segundo, ¿qué tipo de poderes especiales tiene esa Sony, esa JVC, esa Zenith o Panasonic como para afectar profundamente la capacidad cognitiva del espectador? ¿Por qué necesariamente el ver a López-Dóriga o el final de la telenovela te baja puntos de IQ? Además, los paladines de la sociedad lo plantean como si “el resto” de la gente estuviera encerrada a lo Naranja Mecánica y les aplicaran la Ludovico. O como si, al apretar el botón de ‘apagado’, la tele les diera un toque o una bolita de queso cuando sintonizaran cualquier canal menos el 22 (que, acá entre nos, casi siempre está de hueva). Dos bolitas de queso por ver a Juan del Diablo versión tercera edad y cinco bolitas por ver ‘el clásico’.

Estoy enfermo por su culpa. Miren, yo soy un tipo que fuma regularmente. Soy inconstante, así que a veces será una cajetilla por semana y otras será el doble. En otro momento, serán cero cigarros en siete días. Todo depende de si se me antoja o no. Sé perfectamente que el riesgo de generar cáncer o enfisema es alto, además de otras linduras que aparecen por andar con un cilindro de tabaco y veneno en la boca. Un día, hace algunos años, me puse a ver algo de Michael Moore, seguramente su programa de TV. Salió un grupo de personas que habían perdido la laringe por meterse veinticinco cigarros diarios, en la tradición cirquera y espectacular de Moore, afuera de una tabacalera. A ver ¿si se notó arriba que dije que estoy cierto de los riesgos posibles, verdad? Es algo que nunca voy a hacer, echarle la culpa a la British American Tobacco si llego a tener alguno de esos padecimientos. ¿A poco no es de descerebrados? Es como si fuera a las oficinas corporativas de Bimbo y exigiera la cabeza del Osito porque su panqué mármol está muy rico y me hizo estar (más) gordo cuando lo sacaron a la venta. No me jodan. Si vas a beber, a fumar, a comer, a coger, viene con consecuencias, lo hagas bien o mal. Y debes saber que esas consecuencias pueden ser favorables o desfavorables y que no puedes ir y culpar a alguien más de tus decisiones.

Todo es una conspiración Esta es una de mis favoritas. Hay mucha gente que de verdad piensa que hay cientos de fuerzas oscuras planeando complots interminables para que no se den cuenta de que les subieron el precio del kilo de aguacates de un fin de semana a otro. ¿Cómo lo hacen? Los medios (dígase con voz tenebrosa) ‘fabrican’ noticias que captan la atención de la gente, como los temblores, los asesinatos o que es muy fácil secuestrar un avión en México. Lo que me causa cierta hilaridad es que (de nuevo, voz tenebrosa) el Gobierno no necesita este tipo de actos. Suben los precios, bajan los sueldos y eso no es de hoy, es de siempre. Lo llamo el Síndrome de la Ola Fallida, aquí siempre hay que esperar a que alguien empiece para seguirlo. Lo malo es que ni los ex-a-Tec se creen lo de ‘ser líderes’, entonces nos quedamos en el mismo lugar.

Las redes sociales son Dios/El Diablo ¿Alguna vez se han puesto a leer por el puro placer de hacerlo? Ya saben, esa actividad que están realizando en este instante, pasar los ojos sobre un montón de caracteres, decodificarlos en fracciones de segundo y comprender lo que acaban de decodificar, eso sí, en segundos, minutos o años, dependiendo de la capacidad de abstracción del lector o de la complejidad del texto. Si lo hacen regularmente, entonces saben que cuando se inventó el cine fue considerado como una pérdida de tiempo y algo malo. Cuando apareció la radio se decía que le causaba estragos al cerebro de los escuchas y bueh, ya sabemos que dicen todavía los cortos de entendimiento acerca de la televisión. Entonces, llega un ‘nuevo medio’ (y digo ‘nuevo’ porque el medio es Internet y la herramienta es Twitter) y el ciclo se repite, aquellos que pasaron horas y horas frente a una TV ven a sus hijos absortos en Facebook y hacen el diagnóstico que cualquier padre que no pasa tiempo con su prole hace: si es nuevo no lo entiendo, si no lo entiendo es malo, si es malo lo destruyo. Y las redes sociales no son buenas ni malas ni nada, todo es según como lo uses. Lo mejor es cuando alguien se queja de Twitter desde Twitter. ¿No les dará miedo romper Internet?

El punto de todo lo anterior es que cada quien toma sus propias decisiones, cada quien decide si está bien quedarse tonto, comerse lo que digan algunos, enfermarse a propósito o procrastinar. O hacer todo lo contrario. O tomar otro camino. O ninguna de las anteriores. El punto es que hay muchos a quienes el hecho de asegurarles que ellos tienen la responsabilidad del 95% de las cosas que suceden en su vida les asusta y rechazan la idea como si les estuvieras pidiendo que asesinaran a sus madres con un pelapapas. Y entonces prefieren endilgarle la culpa a la televisión, a Twitter, a las deidades y a los corporativos. Entonces se vuelven lo que no quieren ser: títeres. Y es tan, pero tan fácil jalar de sus hilos.

De Twitter, la magia y el Hombre de las Cavernas

Cuando apareció Twitter todavía no existía el término ‘red social’. Si recuerdan, intentaron bautizarlo como un servicio de ‘microblogging’, término que después fue olvidado por la mayoría, excepto los que se quedan con la primera información y no van más allá.

La idea de Twitter me parecía ridícula ¿a quién va a importarle que yo diga lo que estoy pensando en ese momento? Sin embargo, me di de alta. Como me di de alta en Hi5 y en Facebook, porque quería verlo yo mismo. Luego descubrí que era muy entretenido leer otros timelines y, simplemente, comunicar. Ese es el secreto de Twitter, poder comunicar, transmitir información. Y en tiempo real. Bueno, en lo que se tarda en hacer el refresh el servidor. Me gusta Twitter por su simpleza e inmediatez, lo que dijiste puede pasar de largo y, salvo que se sea muy obsesivo, nadie revisa páginas y páginas para revisar lo que dijiste dos semanas antes.

Sin embargo, me he topado con personas que confirman aquella máxima de Carl Sagan. Decía el tío Carl:

“Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”

Empecemos por el ejemplo más cercano a la edad de piedra: el 11:11. Hay un grupo de personas que de verdad piensan que si hacen una actualización en su timeline en el preciso momento en el que son las once con once, se les concederá un deseo. No es broma, tuve que pedir que me lo explicaran. Podría empezar una disertación eterna, pero lo resumiré en estos puntos:

  • ¿Sus relojes están sincronizados con el tiempo atómico?
  • ¿Hay una deidad o supervisor en jefe que esté canalizando sus peticiones?
  • ¿También creen que algo habita el fuego, el agua y los relámpagos, verdad?

Luego, hay quienes de verdad piensan que si tienen arriba de 1,000 followers se volverán líderes de opinión. Eso es un poco complicado, ya que lo que nadie se atreve a decirles, amiguitos, es que el universo de Twitter en México es realmente diminuto. El hecho de que Belinda tenga una cuenta no quiere decir que millones y millones de personas estén dentro. Y tampoco que puedes modificar el comportamiento de quien te lee a partir de algo que tienes que decir en menos de 140 caracteres.

Yo sigo a quien me sigue. Creo que esa es la parte esencial del servicio: leer y ser leído. Cuando veo gente que tiene 10,345 seguidores, pero a su vez sigue a 12, me da hueva y no le otorgo el follow. Prefiero el diálogo al discurso. Además, para soltar peroratas interminables tengo el blog (y aún así contesto comentarios). La perspectiva se obtiene considerando todos los puntos de vista, no haciéndose puñetas con lo que ya se piensa y se cree que siempre estará correcto.

Hace unas semanas, Ciro Gómez-Leyva, dijo temerle a Twitter por la desinformación que puede acarrear. Creo que no terminó de expresar su idea y los iracundos se le lanzaron a la yugular, algo a lo que muchos usuarios están acostumbrados y que, en realidad, parece que esperan día con día. Cuando no es Ciro, es Esteban Arce, o los fans de Anahí, los que gustan de la saga de Twilight, los fans de los Jonas Brothers. Ponga su figura pública amada/detestada aquí. A partir de ello, se le dieron cualidades (y defectos) milagrosos o desastrosos a Twitter. Hace un par de días, se dice que una charla en esta red social ayudó a que Demi Moore y Nia Vardalos salvasen a un tipo que iba a cometer suicidio. Miren, no es por joder a los depresivos, pero quien se quiere matar, se mata. Así de sencillo.

Entonces, la gente le confiere habilidades especiales a un servicio online y se olvida del elemento importante: el usuario. El usuario es quien nutre a Twitter, el servicio de por sí no es bueno ni malo ni va a curarte de las verrugas que te salieron en la nuca. Todo depende de quien hace actualizaciones. Y no voy a caer en la estupidez de decir “es que la gente tiene una responsabilidad al decir lo que dice en su timeline”. Nah, no es así. Cada quien le da el uso que le quiere dar. Y, de nuevo, sirve para comunicar. Muchos de ustedes están leyendo esto a partir de que el plugin de WordPress actualizó automágicamente mi status en Twitter. A veces pongo un link hacia algún tráiler o una noticia. O me pongo a surfear canales de noticias cuando sucede algo importante y les trasmito lo que estoy viendo. O simplemente pongo algo como: me dio comezón en la mano. Y ya. Cada quien tomará lo que quiera tomar.

Lo que me lleva a uno de los usos más estúpidos que he visto. A Celebridad Local se le ocurre abrir una cuenta. Poco a poco, se hace de seguidores. Entonces, alguien que detesta a CL se entera del hecho y se indigna profundamente. Se propone hacerle saber a esa Celebridad que él, un usuario decano de Internet (o al menos así se percibe a si mismo) le detesta. Le considera popó. Que es más imbécil que un zapato izquierdo. Así que cada vez que se acuerda, le envía un reply. O se mete a su timeline y la revisa de cabo a rabo. En realidad, ese tipo de cavernícola está esperando que Celebridad Local le conteste lo que sea, un insulto, una broma. Algo. ¿Por qué? Bueh, tal vez por la misma razón por la que mucha gente se siente obligada a pedir autógrafos a personajes públicos. Seguro exhiben con orgullo las respuestas: mira, ya tengo el insulto de Conductor, de Cantante y de Actriz. Ya nada más me falta el de Político y Periodista. Lo cual sirve para lo mismo que un pito en el codo. Para pinche nada.

Y, para terminar, el hecho de que las empresas de todo tipo abran una cuenta no significa el fin de Twitter. Tampoco que los fans de tal o cual cantante de moda lo hagan. A muchos se les olvida que otra de las bellezas de esto es poder leer sólo lo que quieres leer. Así que si no quieren tener gente en su timeline que idolatra algo que ustedes aborrecen, les daré una receta complicadísima, pero efectiva: no lo sigan.

Estimado asno #1

  • Bajar un RAR que contiene un programa que necesitas junto con un archivo de texto en el que está escrito el número de serie para registrarlo no te convierte en un hacker.
  • Haber visto Avatar no te hace el defensor número uno de las focas bebé o el casuario. Es una película. No se te abrió un tercer ojo ni se te limpiaron los chakras, ni eres un gurú. Pagaste por entretenimiento y lo obtuviste, no es necesario además actuar como si el tipo que sueña con cyborgs asesinos futuristas se hubiese vuelto una suerte de Dios. Veo en el futuro una cienciología bastarda con James Cameron al frente.
  • Leer TV Notas no te hace necesariamente estúpido, tanto como leer al autor reconocido de moda no te vuelve intelectual.
  • Si eres de los que compra jitomates ‘orgánicos’ (¿hay ‘inórganicos’?) porque no quieres todos esos químicos que La Corporación rocía sobre las cosechas afecten a tu delicado paladar y de los que consideran que la soya sabe bien y además quieres que el mundo sea un lugar puro, déjame recordarte que cuestan el triple, vienen en un envase de plástico y, además, los compras en Walmart.
  • Hacer una marcha que desquicie el tráfico nunca ha solucionado ningún problema. No, en serio, jamás.
  • El hecho de hacer un retweet de una causa extranjera cuando no tienes a nadie de la nacionalidad de ese país en tu timeline no te convierte en una persona socialmente responsable. Y menos en un héroe.
  • Unirte a la celebración de días nacionales de otros países es absurdo y peor cuando no entiendes el origen o no te importa. Es sencillo: en Estados Unidos mucha gente celebra el Cinco de Mayo como una fiesta latina cuando en México sabemos que conmemora (que es distinto a ‘celebra’, por cierto) la Batalla de Puebla. Por otro lado, un montón de tarados quieren irse a un pub hoy, 17 de marzo, sólo porque en Estados Unidos se celebra el Día de San Patricio. La cosa es que la celebración original llama al recogimiento y la reflexión y no a ponerse borrachos. Entonces, es doblemente idiota que en México, en donde el santo patrono no es Patricio, se quiera tergiversar una fiesta de por sí imbécil en su lado estadounidense.
  • Tener un auto no te convierte en el rey de nada, ni tienes poderes especiales, ni te crece el pito, ni el resto de los automovilistas tiene la obligación de dejarte pasar sólo porque tú eres tú.
  • Cuando llueve/hace calor/se hace de noche/se nubla, no es para específicamente joderte el día a ti. O a nadie.

Rant: lo que en verdad aborrezco

Quienes me hayan leído desde hace un tiempo saben que soy un bocafloja. Me quejo de lo que me molesta sin ningún problema, aunque (y esta parte es importante) la mayoría de mis posts tengan que ver con cosas que me gustan, muchas de ellas cubiertas de merengue y cursis como una tarjeta de Winnie the Pooh.

Pero sí debo decir que hay muchas cosas que me decepcionan en estos tiempos. No es que los anteriores hayan sido mejores, no. No voy a decir que “ay, cómo hubiera querido nacer en los años 50″, porque eso es una idiotez. Tampoco que “cuando yo era niño, la gente de mi edad no hacía esas cosas” al ver a un par de adolescentes fajar afuera de la secundaria, porque la única diferencia es que yo lo hacía dentro de la escuela.

Tampoco llegaré al punto de evitar decir algo porque puede molestarle potencialmente a un amigo. No es que no tenga tacto, es que mis amigos no necesitan estar de acuerdo con mis puntos de vista. Y eso me parece bien. Yo no necesito estar de acuerdo con los suyos. Y eso les parece bien. Es tan sencillo como eso.

Me he quejado de los ebrios al volante, de los que roban, de los que engañan a la gente vía redes sociales para promoverse. De muchas actitudes. Pero he estado pensando que se pueden resumir en una sola: falta de consideración a los demás.

Pongamos ejemplos

El supermercado

Cada pasillo de los supermercados actuales está diseñado para albergar uno o dos carritos cercanos a los anaqueles y que una persona pueda pasar por el espacio que queda entre ellos sin problemas. Eso es lo ideal. ¿Lo real? Un solo carrito, atravesado en la entrada del pasillo, como clausurándolo. Usualmente es una mujer que sólo ve precios o una pareja que platica lo que le pasó a Laura, la vecina, sin importarles si están bloqueando el acceso a otros compradores. Y pueden seguir en la cháchara por siempre. Yo digo: “con permiso” y muchas veces recibo la mirada de “hijo de puta, no me interrumpas en el chisme”.

El sentido de la circulación peatonal.

Es muy simple, de este lado del mundo, todo está diseñado para que camines por la derecha. Las escaleras, por ejemplo. Los pasillos del aeropuerto, los andenes del metro, las aceras. To-do. ¿Cuántas veces has chocado con alguien simplemente porque del lado del que tendría que estar hay más gente y se pasa del lado en el que tú caminas o subes escalones. ¿Y por qué? Porque lleva prisa. Bueh, todos llevamos prisa, pero yo no paso por encima de los demás por ello.

Espacio personal

En serio ¿cuanto espacio necesitas? Si abres las piernas cuando te sientas en un lugar, porque “así me enseñaron a sentarme” o “me estorban los huevos”, eres un asno. Definitivo. También cuenta en esta categoría la gente que camina junto a ti sin conocerte y  la que prácticamente te respira en la oreja.Y no engañas a nadie cuando dices “es que no puedo cruzar las piernas porque algo me estorba”. Tarado

Privacidad

Esto es complicado de obtener en la calle, pero creo que se puede. Pero hay idiotas a los que no les importa. Desde la preparatoria, cuando usaba un maravilloso Discman de Sony, decidí que mi señal internacional de “No me hables” eran los audífonos, en ese entonces de diadema. Ahora, creo firmemente que está pésimo que te vean con ellos y te hablen como si no notaran los cables blancos o negros que te salen de las orejas. Si estuviéramos en 1925, entendería que no supieran para qué son, pero, carajo, es dos mil puto diez, cabrón. Me ha pasado (en aviones) que tengo audífonos y un libro, el combo cuasi infalible para el que no desea socializar, y desde el asiento o fila contiguos, alguien me habla. Alcanzo a escuchar, pero tengo una técnica milenaria llamada ‘me estoy haciendo bien pendejo’, en la que ni siquiera muevo un músculo y sigo leyendo. Lo peor es que siempre sale alguien que, al ver que hablarle a alguien que prefiere escuchar música a sus preguntas, no le hace caso, entonces te picotea el hombro o la espalda con su huesudo índice. Hi-jos de pu-ta. Otros llegan al extremo de jalarte el brazo. Cuando por fin me quito los audífonos y respondo un aburrido “dígame”, noto que hay 25 personas más a su alrededor que no llevan un iPod ni están leyendo. Y me preguntan una idiotez como “‘¿cuánto es el tiempo de vuelo?”, cuando el capitán lo acaba de decir al despegar o, uh, está impreso en el puto boleto.

Podría seguir y seguir, pero se dan una idea. Meterse en las filas, cobrar por un trámite gratuito, ocupar toda una acera o un pasillo porque “soy mujer, tengo vagina y la capacidad de crear más humanos” (actitud infinitamente pendeja de muchas mujeres), la reventa de boletos. Ya saben.

Todo eso me habla de gente a quien no le importa lo que tú quieras, pienses, digas, hagas o necesites. Y no lo digo con esa vis “altruista” e “iluminada” que muchos quieren exhibir sin tenerla en realidad. No, lo sigo en el sentido de que la vida es más sencilla sin estar jodiendo al de al lado, creo, sin implicar que tengas que ayudarles a nada si no quieres. Eso es lo que al final es lo que odio más en cualquier persona, ese “me vale madre”, esa actitud que muchos, tristemente, consideran “más inteligente” y es más bien pobre y estúpida.

Eso es lo que me caga. Bueno, y el reggaeton. Y el pescado, odio el pescado.