Category Archives: Sin sentido

Con ustedes, la Diva Digital/Social Media Whore original

Si ustedes pensaban que la filosofía de los Social Media Whores y Divas Digitales era de su inspiración, no es así. De hecho, se remonta a siglos y siglos atrás.

De acuerdo, no es así. La verdad es que no tiene tanto tiempo y seguro ellos conocieron a este personaje al comprar una película pirata justo afuera de alguna estación del metro. Y es que, piénsenlo ¿no es exactamente el mismo tipo de frases que sueltan en sus redes sociales y en las firmas de sus correos electrónicos?

Con ustedes, la Diva Digital/Social Media Whore original.


El día de hoy, 8 de marzo

Wikipedia dice, primero

El Día Internacional de la Mujer, originalmente llamado Día Internacional de la Mujer Trabajadora, se celebra el día 8 de marzo y está reconocido por la Organización de las Naciones Unidas, ONU. En este día se conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo integro como persona. Es fiesta nacional en algunos países.

 

Mientras tanto, en Nueva Orleans

El Martes de Carnaval, en el calendario cristiano, es el último día de Carnaval que antecede al Miércoles de Ceniza, inicio de la Cuaresma. En tiempos en que la Cuaresma recibía un mayor seguimiento los días anteriores al Miércoles de Ceniza, se conocían como Carnaval o carnestolendas. Estos días previos se realizaban diversas actividades como banquetes, bailes, juegos y de esta manera se enfrentaban al comienzo de los días de penitencia.El origen de esas celebraciones se remonta a fiestas paganas de tiempos precristianos, que correspondían al ritmo de las estaciones y de los trabajos agrícolas. La tradición de celebrar el Carnaval sigue muy viva en muchos países de Europa y América. En Europa, el Martes de Carnaval, se consumen tradicionalmente ciertos platos muy calóricos como las rosquillas, los buñuelos, los crepes o los gofres.

El Martes de Carnaval recibe distintos nombres según el país, en Alemania se le llama Fastnacht, ‘víspera de ayuno’, y algunos países del sur de Europa lo llaman carnaval proveniente de “de carnem levar” que significa ‘quitar la carne’. En los Estado Unidos de América se ha adoptado la denominación francesa Mardi Gras, que significa ‘martes graso’, al igual que Terça-feira gorda, en los países de habla portuguesa. Algunas tradiciones dan comienzo a la festividad del carnaval el jueves anterior (llamado Jueves Lardero), haciendo que las celebraciones duren hasta seis días.

 

Yay, desarrollo íntegro e igualdad

Del por qué los guilty pleasures son una estupidez

Si hay algo idiota en el mundo, es declarar en voz alta: tengo un placer culpable. O culposo. Un guiltipleshur. No veo por qué los placeres tuviesen que generar culpa. Claro, hablo de los placeres que no te meterían en un problema legal o metafísico. Nah, hablo de lo que la gente toma como placeres culpígenos. O culpógenos.

Generalmente, a la gente (así, como en “mira, una manada de búfalos”) le da pena reconocer que gusta de ciertos libros, de ciertas películas. De cierta música y programas de televisión. Los reconocerán porque siempre están intentando demostrar que lo que les gusta está en boga o es tan exclusivo que nadie lo entiende. Pasan varias horas al día buscando información en iemedebé, en blurréipuntocom, en güiquipidia. Y, sin ninguna preparación, sin anuncio ni advertencia, avientan una referencia que nadie les pidió. “En 1889 ya se usaba el término ñañaras”, dice el asno, “sólo que se refería a los bichos que caminaban sobre el agua en lugar de la comezón en el ano con la que se relaciona el término hoy día”. Y luego, se regresan a leer el Sensacional de Barrios. O a ver telenovelas. O a escuchar a la Arrolladora.

Los placeres culpígenos (o culposos, o culpógenos o guilty-as-charge) son una idiotez, de la manera en que la gente los conceptualiza ¿Qué tiene de malo que te guste ver películas de Pedrito Fernández? Nada. Ah, pero ahí va el ridículo, ahí va el inadecuado, ahí va el cobarde a cambiarlo por “uh, me causa un placer exacerbante (sic) el contemplar las cintas de Akiirah Curosahua (sic)”. Mientras tanto, en su cerebro, recrea una de las escenas de “Pánico en la Montaña”. Le sube el volumen a la computadora cuando sus compañeros de oficina están cerca y reproduce la música que leyó que recomendaban en la cuenta de Twitter de alguna pseudohipster (ajá, también hay de esas), pero usa los audífonos cuando escucha cualquier track en español.

¿Saben de dónde sale esa actitud ridícula y de perdedor? Muchos nunca se sienten fuera de la secundaria. Y, como en ese tiempo, se sienten obligados a pertenecer a un grupo. No hablo de “la sociedad”, no. Hablo de una “bolita”, una “bandita”. Ustedes los recordarán: eran los que se te acercaban en medio de una plática animada y que reían al mismo tiempo que tú en anécdotas que no comprendían. De hecho, es lo mismo que hacen en la oficina junto al garrafón o en sus redes sociales, varios años después. Ustedes los vieron, ustedes los ven.

Los gustos personales no están sujetos al juicio de los demás. O no deberían. De ahí sale esa culpa, de saberse mínimo, de sentirse ignorante, de sospechar que el resto del mundo es mejor que tú.

Y ¿sabes qué? Tal vez sea así.

Mongo va a los Oscar ¡otra vez!

El año pasado (un poco como un experimento) hicimos una transmisión en vivo durante la ceremonia de los Academy Awards, mejor conocidos como los Oscar o los Óscares. Este año repetiremos el mismo asunto. Les recuerdo las “condiciones”

  • Lo hacemos vía Skype, así que quien nos agregue, tendría que tener su micro cerrado. Somos cuatro y a uno de nosotros le encanta estar hablando. Le dicen Don Pendejo.
  • Si alguien quiere retransmitirlo en Ustream o una cosa similar, adelante. Nosotros no hacemos la transmisión desde ahí porque el delay está pésimo.
  • Empezaremos 10 minutos antes de la ceremonia, que se celebra el domingo 27. O sea, pasado mañana.
  • No lo grabaremos. Porque, además, no lo subiríamos. Ni lo editaría.
  • Van a escuchar “Anne Hathaway está bien buena” unas 80 veces.
  • Si no tienen un usuario en Skype todavía, vayan ya. Pueden agregar a

mongo.podcast

y unirse a nosotros para ver la entrega de premios. Nos escuchamos el domingo.

Del amor, la nicotina y el silencio

Soy un tipo muy poco original. Este post es prueba de ello. No me consuelan los dichos que refieren a la ausencia de objetos novedosos bajo la luz del día. Aunque tampoco me preocupa tanto. En realidad, ante la mítica y sobada “página en blanco”, que en realidad en estos días es más bien un cursor parpadeante y retador, uno busca empezar de alguna manera. Particularmente cuando es un tema del que se hablará de aquí al 15 de febrero a las 11 de la mañana. O hasta que alguien vuelva a hacer una pataleta en algún lado.

Pues bien, yo he dicho que quiero y que adoro. No, no solo una vez. Permítanme un momento para dolerme de la ausencia de la tilde en el “solo” de la frase anterior. Permítanme sentirme mal por esa tilde perdida.

Pero decía yo, que no he amado en una única ocasión. No, han sido varias. Algunas de ellas, dolorosas como una muela partida en dos. Algunas de ellas, dañinas como media cajetilla de cigarros en ayunas. Algunas de ellas (las mismas, esto es), desconcertantes e ininteligibles. Ilegibles. Pero esas y las demás, todas gloriosas. Todas con fuegos artificiales, desfile, grandesenormeselefantes y rehiletes y sonrisas. Quesos, besos y sonrisas.

Y, por ello, esas ‘algunas’ de las que hablaba, así de trágicas, así de pérfidas, así de ingratas.

Ingráta pérjida, romántica insoluta, tú me estrujastes todito el corazón, decía Chava Flores. Y piensan, con una fuerza que parece que hasta gusto les da, algunas personas. Es una época rara. Cuando dejé de ver a mi primer amor platónico, Rocío Araceli Inserte Apellidos, tenía yo seis años. No supe de ella, excepto por una ocasión en que me llevaron a una clínica del Seguro Social y ahí estaba, la muy jija, la muy hermosa. Fue la primera vez que sentí el “efecto elevador”. Zum, ese es tu estómago yéndose hacia arriba. Zum, ese es tu estómago yéndose hacia abajo. Y luego, nada. A la fecha, 27 años después, nada.

Hoy es distinto. El voyeurismo es el deporte nacional, es la disciplina olímpica más competida del mundo. Tenemos Twitter, tenemos Facebook, tenemos blogs y about.me. Teníamos hi5. Joder, tenemos Google. Un nombre, un apellido, encerrados en comillas y, mira, una página personal, un perfil profesional, unas fotos indiscretas y un blog de haikus que nadie conocía. Y se podría pensar “pues qué bueno, seamos adultos, seamos maduros”. Pero, no. Vamos y picamos al animal que parece muerto. Hey, mira, creo que se mueve. Huy, creo que gruñe. Y el “cierre”, el “crecimiento”, el closure, se nos va al demonio. No sé ustedes, pero yo necesito distancia. Intento que mis relaciones no terminen mal y tengo un récord de bateo (y ponches) bastante bueno. Y de todas maneras, necesito ese espacio, esa huída, ese languidecer y escuchar canciones. Ese silencio de tonos de alerta y de ringtones personalizados, que no salten los pop-ups que avisan de un nuevo chat, que no suene el timbre de la casa, que los ese eme eses no lleguen y que pasen varias semanas del mismo silencio, del mismo botón de mute, que se supone tan pernicioso para una relación, pero que hace maravillas cuando se ha terminado. Después del luto apócrifo, te sientes relajado, entero y con ganas hasta de preparar un desayuno completo y no la habitual combinación pizza-Coca Cola-cigarro. En mi caso, después me vuelvo “cuate” de la ex. Que yo sepa, nunca fui un evil ex. Que yo sepa, nunca he tenido una evil ex. O exes.

Pero en este mundo es imposible para muchas personas encontrar solaz en la mudez de los que se fueron. A veces, porque es muy tentador ir y asomarse a ver qué está haciendo el otro. Mira, ya cambió de trabajo. Hey, su estatus cambió de “in a relationship” a “single”. F5. F5. F5. Otras, porque resulta prácticamente imposible no escuchar, no hablar, no ver el mal. Hace 15 años te topabas con alguien en una fiesta y le decías “huy, no, terminamos hace como medio año. Yo estoy bien, ya sabes, tranqui, no ando con nadie porque no quiero”. Y ya, alguien ponía a Rostros Ocultos o alguna aberración similar y no pasaba de ahí. Porque era más sencillo separar a sus amigos de tus amigos y dejarlo como era. Ahora, ampáranos San Valentín Trujillo, tenemos cientos de amigos. O conocidos. O contactos. O followers. Y es inevitable que alguien te diga ¡buenos días”, pero insertando el nombre de tu ya-no-tan-significativo-otro en un saludo masivo. Tan masivo como lo permiten 140 caracteres. O que te tagueen en una foto. O que alguien comparta el link al ya mencionado blog de haikus. En estos días hay que poner un link al comunicado que avisa que ya no tienes pareja, ahí,  en tus redes sociales, en´video, en podcast, en código QR. De acuerdo, no necesariamente, pero a veces pareciera que sí, para evitar el bombardeo insospechado.

Y, hey, entiendo a los que gruñen por lo bajo en estos días. De pronto, pum, de plural a singular. Pum, no más arrumacos. Puf, se esfuma la rutina. Crash, esa fue mi fe en la humanidad, el amor, la vida y todo lo demás. Bang, bang, mi nena me ha disparado. Pero no comparto la aversión al amor. Yo no he estado mejor que cuando me he enamorado. Y no, no es por la codependencia, no es que mi felicidad dependa de una persona. Es que es un estado ideal para mí. Escribo y escribo y recorto y pego y prácticamente no tengo nada en estado de draft. Camino por la calle y saludo y sonrío. Tal vez no sea tan distinto que cuando no lo estoy, pero sí se siente esa minúscula, aunque importante diferencia. Como el guisante bajo la almohada de la princesa. Está ahí, por mucho que haya problemas, discusiones y tropiezos.

El universo es matemáticas. Dios es un número primo. Todos somos unos y ceros. Creo yo, hasta las emociones juegan a ser parte del Baldor. Y es simple ¿saben? Hay positivos y negativos. La amabilidad, positivo. La douchbaggery, negativo. El apoyo, positivo. La traición, negativo. Ya sé, los más cínicos dirán “pero yo prefiero ser un bastardito sin sentimientos y que el mundo tome por culo”. Los más ridículos “soy una criatura de la oscuridad y escucho jevi” Pero yo no. No digo que no lo haya hecho, también tuve mi etapa de “huy, soy tan malo”. Pero en una dimensión de números y de valores, en este mundo en el que dos positivos matan un negativo ¿quién no quiere tener todos los + que pueda? ¿Quién no quiere ser tan feliz que sienta que va a explotar en una nube de serpentinas y papel picado? Ya, en serio ¿quién no quiere estar enamorado?

He caído, me he roto. He terminado sorbiéndome los mocos. Pero nunca he dejado de amar. Es una de esas cositas estúpidas y sinsentido por las que vale la pena seguir en este planeta. Una suerte de leyenda urbana que resulta ser cierta en algún momento. Pero que requiere de un esfuerzo que cada vez le parece más hercúleo a quienes pretenden enfrentarse, por vez primera o decimonona, a esa hidra, a esa esfinge.

Fe.

Manual de corrección política y diplomacia, edición 2011

Dado que empiezan los tiempos en los que todos quieren pensar lo mismo y actuar igual que el de al lado, es momento de redactar un manual para que usted no cometa un faux pas si acaso tiene que interactuar con personas, cosa harto rara en estos días del DM, del Wall y del SMS. De acuerdo, me refiero a personas a las que usted pueda tocar, oler y ver. Bueno, si ellas se dejan.

Tal vez usted no esté enterado, pero fue publicada una versión de Huckleberry Finn en la que la palabra nigger fue removida del texto. Nigger, como usted sabe, es la forma más despectiva de referirse a un negro. Ok, a un afroamericano. De acuerdo, a una persona con corpúsculos de melanina más agrupados. Nigger, es también la palabra favorita de muchos descendientes de Kunta Kinte (al menos en espíritu), usan para referirse entre ellos. El viejo “tú no puedes usar esa palabra, sólo nosotros”. A pesar de que el término no era necesariamente ofensivo y, por la nota a la BBC, era una manera de ver con ironía al conflicto racial y, claro, el asunto de que se publicó hace 126 años, es mejor dejar de lado esas palabras feas que nada más levantan el odio de todos. To-dos.

Seguro también escucharon acerca del programa Top Gear y que sus conductores se refirieron a un auto mexicano como flojo, flatulento, débil y gordo. Y que la comida mexicana estaba frita hasta la náusea. Eso debe parar ya. Miren, una cosa es que por décadas maten mujeres en el norte, que haya niños viviendo en la calle, pero ¿que nos llamen pedorros? No. No y mil veces no.

Por ello, les presento este pequeño manual de corrección política.

  • El café, desde ahora, se pedirá “sin crema” o “sin leche”.
  • A usted no lo engañaron como a un chino, sino como a un asiático del oriente.
  • Su pareja no es “gordito” o “gordita”. Llámele “persona con sobrepeso”.
  • Su primo Jonás no es “güero de rancho”, sino “rubio rural”.
  • Su botana de elección no será “nueces de la India” sino “nueces de la señora nativomexicana de afuera del metro”
  • En los lápices de colores, éstos ostentarán la leyenda 000000. A menos de que alguien se ofenda porque es el número más bajo en la escala. De ser así,  lo cambiaremos por 999999. Que se joda el gris por indeciso.
  • Si usted juega ruleta, ya sólo habrá un color: turquesa. Así nadie se identifica con nada y todos tan felices.
  • En el cine, se realizarán ediciones a todas las películas en donde se haga uso de la palabra nigger. Por ejemplo, esta escena de Pulp Fiction

Se convertirá en esto

Porque, desde luego, lo del arroz también es  ofensivo. Faltaba más. Es como si dijeran que los mexicanos comemos frijoles en alguna medida.

  • Matt Stone, Trey Parker, Seth MacFarlane, Matt Groening, Eddie Murphy, Samuel L. Jackson, Chris Rock, Cheech Marin, Will Smith y una lista de millones de personas más, serán lanzados en un cohete a la Luna, para que el mal que esparcen se detenga. Para evitar malos entendidos, no será al lado oscuro (llamado desde ahora, “el lado que no alcanzamos a ver y al que no le pega el Sol”.
  • Si usted posee alguna indumentaria regional, guárdela. Nunca más la use. Se propondrá que a partir de marzo de 2011, el atuendo sea un conjunto plateado con botas. Tal como nos enseñó la ciencia ficción de la década de 1950.
  • Deben buscarse nuevos términos para: frijoles charros, huevos rancheros, moros con cristianos, zapote negro, granada china y demás alimentos altamente ofensivos.
  • Por último, se recomienda la quema de casetes (si los encuentran), discos compactos y computadoras que contengan audio y/o video referente a Polo Polo, que en sus chistes se la pasa atacando todo tiṕo de minorías y perpetuando estereotipos. Además, se sugiere que sea encarcelado y posteriormente fusilado.
  • Y luego, quememos libros que no nos gusten, declaremos que somos LA raza, encarcelemos y exterminemos a otros grupos y hagamos jabón con ellos. Total.