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Escriba un libro de superación personal en 8 simples pasos

Mire, en realidad usted es pobre porque quiere serlo. Hay muchas oportunidades de que usted se pueda hacer de muy buen dinero estafando ayudando a la gente que necesita superar ciertos problemas. Si tuvo la fortuna de ir a la primaria, está vivo, respira y puede escribir más de dos palabras seguidas, está de suerte. Escriba un libro de superación personal y el dinero vendrá solo.

1. Identifique los problemas más comunes que tienen las personas. No tendrá que pensarlo mucho, en el noticiario de la noche los mencionan por lo menos cuatro veces a la semana, los ilustran con bonitas gráficas de barras y hasta entrevistan a presuntos afectados. A saber: el sobrepeso, el estrés, la falta de trabajo, la falta de comunicación en la pareja, los divorcios, la inseguridad. No necesita ser experto en ninguno de estos temas.

2. Ya que haya seleccionado el problema que erradicará con su texto, escoja una metáfora que le dará el hilo conductor al libro. No importa que sea, mire, hasta con queso se han hecho comparaciones imposibles. La gente que compra libros de superación personal está dispuesta a creer lo que sea con tal de que alguien les solucione la vida. Tomemos al bagel con queso crema y mermelada como un ejemplo.

3. Compare cada aspecto que se le ocurra acerca del problema con los elementos de su metáfora.

“Cuando una pareja deja de comunicarse, es como si comiéramos el bagel, primero una mitad, luego la otra, después el queso a cucharadas y lo mismo la mermelada. El sabor es similar, pero todo está desligado y no llega a ser tan magnífico como cuando el queso crema de la comunicación sirve de cohesión para cada mitad de pan tostado de la pareja”

¿Ve? No es complicado.

4. Es obligatorio que usted se invente amigos, compañeros de trabajo y familiares a quienes supuestamente ya les haya compartido su “filosofía de vida”. Eso le servirá para insertar anécdotas (falsas) que a cualquier lector le parecerían insulsas, pero que el ávido buscador de superación personal devorará con placer. Digamos:

“Ese día, John me había invitado a su casa a desayunar. John tiene una esposa bellísima, Pam y dos hijos, Jim y Jack. Al llegar, pasé más de cinco minutos esperando a que me abrieran la puerta y luego, otros cinco esperando a que, entre regaños a los niños, llamadas por teléfono y gritos entre la pareja, me indicaran cuál sería mi lugar en la mesa. Al pasar John cerca de mí, le tomé del brazo y le dije:

- Este bagel no está completo

-¿De qué hablas? No hay bagels y desayunaremos panquecas.

-Ya me entenderás.”

5. Incluya ‘testimonios’ de personas a quienes su filosofía les haya cambiado la vida por entero. No importa si es la primera edición de su libro.

6. ¿Preocupado por la ‘soluciones’ que tiene que aportar? No se angustie. En realidad, lo que tiene que hacer es decirle a los gordos que no coman tanto y que hagan ejercicio; a las parejas que hablen; a los que viven en estrés permanente, que necesitan relajarse. Es lo que la gente quiere escuchar, la solución más sencilla, pero adornada bellamente por alguien a quien se le ocurran todo tipo de adjetivos llenos de merengue.

7. Si ninguno de los temas le inspira, hay un camino todavía más fácil. Explote los clichés que dicen que los hombres y las mujeres tienen formas de sentir, actuar y pensar muy distintas entre si. Si no se le ocurre ninguno, no hay problema: cada comediante mexicano tiene una rutina en la que critica a las suegras, a que las mujeres son celosas, a que los hombres beben todo el tiempo. Sintonice el canal de televisión abierta que prefiera y deje que la musa lo atropelle.

8. Es su pequeña biografía debe indicar que vive en un pueblo encantador del país de su predilección, con su esposa, sus gemelos (as) y un perro que puede ser labrador, collie, basset hound o pastor inglés, pero nunca doberman, xoloescuintle, bulldog francés ni chihuahua cabeza de venado. No importa si no tiene nada de ello.

La verdad, si usted no logra el éxito con estos consejos, es que le hicieron la lobotomía. Si Carlos Cuauhtémoc Sánchez pudo hacerlo, un zombi sin cabeza también puede.

Y ya sabe, lo importante es el bagel. El bagel.