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Guía para conversar en julio

¿Es usted de esa raza extraterrestre que, como yo, no sabe nada de futbol? ¿La última vez que vio un partido fue porque su cuñado estaba jugando Fifa en el 360? ¿Tiene, necesariamente, que soplarse cinco minutos de conversación de futbol durante una junta de trabajo? ¿Se está comiendo las uñas porque ya viene el Mundial y no tiene idea de qué decir?

No sufra. Le presento esta colección de frases que pueden ser usadas en cualquier situación. No tema, usted sabrá cómo acomodarlas dependiendo de las preguntas o afirmaciones de su interlocutor, sea su jefe, un taxista o el señor de los tacos.

  • Igual y este año sí la hacemos
  • Vamos muchachos
  • Estuvo cabrón ¿no?
  • Pus es que hacen changüiches, no goles
  • Es que el árbitro les tuvo mala leche. Pus claro, es extranjero.
  • Pinches penales
  • Ya volvieron a perder estos pendejos.
  • Claro, si nomás fueron de compras (no, no importa que el Mundial sea en Sudáfrica)
  • Nomás fueron de vacaciones
  • Jugaron como nunca, perdieron como siempre

Yo sé. Todo ello suena idiota, pero créame, aparecerá usted como un verdadero experto en temas futbolísticos. ¡No se aburra! ¡Sea el alma de las fiestas!

Estimado asno #2

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  1. Sí, una de las maneras de demostrar tu predilección por un equipo deportivo es usar el jersey en cuestión. Pero el hecho de ponértelo para ir al súper, caminar por la calle y visitar a la familia es de imbéciles. Es el equivalente a que alguien se llevara una claqueta al salir a beber café o cuerdas de rappel al trabajo. Incluya aquí a los que llevan a la oficina la camiseta del concierto al que fueron un fin de semana antes .
  2. Desea todo lo que quieras que el actor de moda o el mal cantante desaparezcan del mundo. No va a suceder. Tampoco si lo dices cada cinco minutos.¿No es más fácil si, digamos, NO lo escuchas o ves?
  3. Las fechas de caducidad de los alimentos y medicinas NO son una “sugerencia”.
  4. Si vas a escribir algo en otro idioma, asegúrate de, por lo menos, saber la gramática básica. Aplica también si lo escribes en tu lengua natal.
  5. Repetir cada 10 minutos las variopintas formas en las que sostendrías un encuentro sexual con una persona del sexo opuesto tiene nombre. Se llama sobrecompensación y tú sabes qué estás compensando de más ¿verdad?
  6. Las letras “vdd” no tienen significado alguno. Si quieres escribir “verdad” hazlo, te toma la misma cantidad de tiempo. Claro, a menos de que seas Stephen Hawking. Y él tampoco lo abrevia ¿eh?
  7. Llevar los bolsillos llenos de monedas y objetos metálicos justo cuando vas a pasar por los rayos X del aeropuerto sólo es válido si eres un viajero del tiempo que llegó de 1803.
  8. Vale por un kilo de coherencia. Hazlo efectivo la próxima vez que opines que algo es detestable cuando cinco minutos antes lo alababas. Si lo haces válido antes de las 4 de la tarde, te regalan medio litro de criterio, pero debes llevar tu propio envase.
  9. Dejarle comentarios a tu celebridad favorita en un blog no garantiza que los leerá. Aplica en particular cuando el blog en cuestión no es el oficial, está en un idioma distinto al de la “estrella” y, además, en el post apenas si se hace mención. Internet no es “magia” ¿sabes?

La culpa ha sido tuya

Cuando entré a estudiar Comunicación, uno de los comentarios frecuentes fue: “ah, te vas a ir a hacer telenovelas”. La gente que me lo decía actuaba como si fuese un insulto y esperaban una retahíla de que jamás les recetaba. Yo veía telenovelas. Ahora no tengo mucho tiempo, así que veo uno o dos episodios (de 150) y me doy una idea de lo que trata la historia. Sigo sin negar que veo ese tipo de programas de vez en cuando, ¿por qué habría de hacerlo? En contraste, tengo compañeros de generación que de una manera apasionada y ofendida, juraban que no veían televisión. Nada. Ni las noticias. ¿por qué? Bueh, porque se me ocurrió que era buena idea hacer la carrera en una universidad en la que muchos sienten la obligación de volverse una suerte de neorrevolucionarios de bajo nivel que hacen “kilómetros” de moneditas para sacar a alguien de la cárcel o “apoyan” al huevonsísimo sindicato cuando quiere hacer una huelga.

Varios de ellos terminaron trabajando en alguna televisora o en empresas trasnacionales monstruosas. Yo creo que nunca habían sido tan felices como cada vez que llega la paga y piden zapatos carísimos de alguna tienda online. Pero no se me olvidan sus consignas y estupideces preprogramadas, porque las veo repetidas regularmente en mis redes sociales. Pareciera que me persiguen. ¿Cuál es el común denominador? Echarle la culpa a alguien más de cualquier cosa. Lo que sea, en serio.

La televisión idiotiza a la gente. Este es uno de los clichés más tarados que he leído en mi vida y miren que he leído estupideces. No falta el lector de La Jornada o el admirador de Rius o Magú que se queja amargamente de que la tele abierta nacional pasa telenovelas o programas de comedia. Hasta ahí vamos bien, creo que el televidente está en completa libertad de pedir qué es lo que quiere ver en su TV. ¿Cuál es el problema? Que inmediatamente estos abortos del CGH añaden que TV Azteca o Televisa hacen que la gente, que el tan cacareado “pueblo” sea imbécil. Primero parece que no se dan cuenta de que quieren “defender” a sus hermanos-mexicanos-bienvenidos-paisanos diciéndoles ‘pendejos’ y, segundo, ¿qué tipo de poderes especiales tiene esa Sony, esa JVC, esa Zenith o Panasonic como para afectar profundamente la capacidad cognitiva del espectador? ¿Por qué necesariamente el ver a López-Dóriga o el final de la telenovela te baja puntos de IQ? Además, los paladines de la sociedad lo plantean como si “el resto” de la gente estuviera encerrada a lo Naranja Mecánica y les aplicaran la Ludovico. O como si, al apretar el botón de ‘apagado’, la tele les diera un toque o una bolita de queso cuando sintonizaran cualquier canal menos el 22 (que, acá entre nos, casi siempre está de hueva). Dos bolitas de queso por ver a Juan del Diablo versión tercera edad y cinco bolitas por ver ‘el clásico’.

Estoy enfermo por su culpa. Miren, yo soy un tipo que fuma regularmente. Soy inconstante, así que a veces será una cajetilla por semana y otras será el doble. En otro momento, serán cero cigarros en siete días. Todo depende de si se me antoja o no. Sé perfectamente que el riesgo de generar cáncer o enfisema es alto, además de otras linduras que aparecen por andar con un cilindro de tabaco y veneno en la boca. Un día, hace algunos años, me puse a ver algo de Michael Moore, seguramente su programa de TV. Salió un grupo de personas que habían perdido la laringe por meterse veinticinco cigarros diarios, en la tradición cirquera y espectacular de Moore, afuera de una tabacalera. A ver ¿si se notó arriba que dije que estoy cierto de los riesgos posibles, verdad? Es algo que nunca voy a hacer, echarle la culpa a la British American Tobacco si llego a tener alguno de esos padecimientos. ¿A poco no es de descerebrados? Es como si fuera a las oficinas corporativas de Bimbo y exigiera la cabeza del Osito porque su panqué mármol está muy rico y me hizo estar (más) gordo cuando lo sacaron a la venta. No me jodan. Si vas a beber, a fumar, a comer, a coger, viene con consecuencias, lo hagas bien o mal. Y debes saber que esas consecuencias pueden ser favorables o desfavorables y que no puedes ir y culpar a alguien más de tus decisiones.

Todo es una conspiración Esta es una de mis favoritas. Hay mucha gente que de verdad piensa que hay cientos de fuerzas oscuras planeando complots interminables para que no se den cuenta de que les subieron el precio del kilo de aguacates de un fin de semana a otro. ¿Cómo lo hacen? Los medios (dígase con voz tenebrosa) ‘fabrican’ noticias que captan la atención de la gente, como los temblores, los asesinatos o que es muy fácil secuestrar un avión en México. Lo que me causa cierta hilaridad es que (de nuevo, voz tenebrosa) el Gobierno no necesita este tipo de actos. Suben los precios, bajan los sueldos y eso no es de hoy, es de siempre. Lo llamo el Síndrome de la Ola Fallida, aquí siempre hay que esperar a que alguien empiece para seguirlo. Lo malo es que ni los ex-a-Tec se creen lo de ‘ser líderes’, entonces nos quedamos en el mismo lugar.

Las redes sociales son Dios/El Diablo ¿Alguna vez se han puesto a leer por el puro placer de hacerlo? Ya saben, esa actividad que están realizando en este instante, pasar los ojos sobre un montón de caracteres, decodificarlos en fracciones de segundo y comprender lo que acaban de decodificar, eso sí, en segundos, minutos o años, dependiendo de la capacidad de abstracción del lector o de la complejidad del texto. Si lo hacen regularmente, entonces saben que cuando se inventó el cine fue considerado como una pérdida de tiempo y algo malo. Cuando apareció la radio se decía que le causaba estragos al cerebro de los escuchas y bueh, ya sabemos que dicen todavía los cortos de entendimiento acerca de la televisión. Entonces, llega un ‘nuevo medio’ (y digo ‘nuevo’ porque el medio es Internet y la herramienta es Twitter) y el ciclo se repite, aquellos que pasaron horas y horas frente a una TV ven a sus hijos absortos en Facebook y hacen el diagnóstico que cualquier padre que no pasa tiempo con su prole hace: si es nuevo no lo entiendo, si no lo entiendo es malo, si es malo lo destruyo. Y las redes sociales no son buenas ni malas ni nada, todo es según como lo uses. Lo mejor es cuando alguien se queja de Twitter desde Twitter. ¿No les dará miedo romper Internet?

El punto de todo lo anterior es que cada quien toma sus propias decisiones, cada quien decide si está bien quedarse tonto, comerse lo que digan algunos, enfermarse a propósito o procrastinar. O hacer todo lo contrario. O tomar otro camino. O ninguna de las anteriores. El punto es que hay muchos a quienes el hecho de asegurarles que ellos tienen la responsabilidad del 95% de las cosas que suceden en su vida les asusta y rechazan la idea como si les estuvieras pidiendo que asesinaran a sus madres con un pelapapas. Y entonces prefieren endilgarle la culpa a la televisión, a Twitter, a las deidades y a los corporativos. Entonces se vuelven lo que no quieren ser: títeres. Y es tan, pero tan fácil jalar de sus hilos.

Rant: lo que en verdad aborrezco

Quienes me hayan leído desde hace un tiempo saben que soy un bocafloja. Me quejo de lo que me molesta sin ningún problema, aunque (y esta parte es importante) la mayoría de mis posts tengan que ver con cosas que me gustan, muchas de ellas cubiertas de merengue y cursis como una tarjeta de Winnie the Pooh.

Pero sí debo decir que hay muchas cosas que me decepcionan en estos tiempos. No es que los anteriores hayan sido mejores, no. No voy a decir que “ay, cómo hubiera querido nacer en los años 50″, porque eso es una idiotez. Tampoco que “cuando yo era niño, la gente de mi edad no hacía esas cosas” al ver a un par de adolescentes fajar afuera de la secundaria, porque la única diferencia es que yo lo hacía dentro de la escuela.

Tampoco llegaré al punto de evitar decir algo porque puede molestarle potencialmente a un amigo. No es que no tenga tacto, es que mis amigos no necesitan estar de acuerdo con mis puntos de vista. Y eso me parece bien. Yo no necesito estar de acuerdo con los suyos. Y eso les parece bien. Es tan sencillo como eso.

Me he quejado de los ebrios al volante, de los que roban, de los que engañan a la gente vía redes sociales para promoverse. De muchas actitudes. Pero he estado pensando que se pueden resumir en una sola: falta de consideración a los demás.

Pongamos ejemplos

El supermercado

Cada pasillo de los supermercados actuales está diseñado para albergar uno o dos carritos cercanos a los anaqueles y que una persona pueda pasar por el espacio que queda entre ellos sin problemas. Eso es lo ideal. ¿Lo real? Un solo carrito, atravesado en la entrada del pasillo, como clausurándolo. Usualmente es una mujer que sólo ve precios o una pareja que platica lo que le pasó a Laura, la vecina, sin importarles si están bloqueando el acceso a otros compradores. Y pueden seguir en la cháchara por siempre. Yo digo: “con permiso” y muchas veces recibo la mirada de “hijo de puta, no me interrumpas en el chisme”.

El sentido de la circulación peatonal.

Es muy simple, de este lado del mundo, todo está diseñado para que camines por la derecha. Las escaleras, por ejemplo. Los pasillos del aeropuerto, los andenes del metro, las aceras. To-do. ¿Cuántas veces has chocado con alguien simplemente porque del lado del que tendría que estar hay más gente y se pasa del lado en el que tú caminas o subes escalones. ¿Y por qué? Porque lleva prisa. Bueh, todos llevamos prisa, pero yo no paso por encima de los demás por ello.

Espacio personal

En serio ¿cuanto espacio necesitas? Si abres las piernas cuando te sientas en un lugar, porque “así me enseñaron a sentarme” o “me estorban los huevos”, eres un asno. Definitivo. También cuenta en esta categoría la gente que camina junto a ti sin conocerte y  la que prácticamente te respira en la oreja.Y no engañas a nadie cuando dices “es que no puedo cruzar las piernas porque algo me estorba”. Tarado

Privacidad

Esto es complicado de obtener en la calle, pero creo que se puede. Pero hay idiotas a los que no les importa. Desde la preparatoria, cuando usaba un maravilloso Discman de Sony, decidí que mi señal internacional de “No me hables” eran los audífonos, en ese entonces de diadema. Ahora, creo firmemente que está pésimo que te vean con ellos y te hablen como si no notaran los cables blancos o negros que te salen de las orejas. Si estuviéramos en 1925, entendería que no supieran para qué son, pero, carajo, es dos mil puto diez, cabrón. Me ha pasado (en aviones) que tengo audífonos y un libro, el combo cuasi infalible para el que no desea socializar, y desde el asiento o fila contiguos, alguien me habla. Alcanzo a escuchar, pero tengo una técnica milenaria llamada ‘me estoy haciendo bien pendejo’, en la que ni siquiera muevo un músculo y sigo leyendo. Lo peor es que siempre sale alguien que, al ver que hablarle a alguien que prefiere escuchar música a sus preguntas, no le hace caso, entonces te picotea el hombro o la espalda con su huesudo índice. Hi-jos de pu-ta. Otros llegan al extremo de jalarte el brazo. Cuando por fin me quito los audífonos y respondo un aburrido “dígame”, noto que hay 25 personas más a su alrededor que no llevan un iPod ni están leyendo. Y me preguntan una idiotez como “‘¿cuánto es el tiempo de vuelo?”, cuando el capitán lo acaba de decir al despegar o, uh, está impreso en el puto boleto.

Podría seguir y seguir, pero se dan una idea. Meterse en las filas, cobrar por un trámite gratuito, ocupar toda una acera o un pasillo porque “soy mujer, tengo vagina y la capacidad de crear más humanos” (actitud infinitamente pendeja de muchas mujeres), la reventa de boletos. Ya saben.

Todo eso me habla de gente a quien no le importa lo que tú quieras, pienses, digas, hagas o necesites. Y no lo digo con esa vis “altruista” e “iluminada” que muchos quieren exhibir sin tenerla en realidad. No, lo sigo en el sentido de que la vida es más sencilla sin estar jodiendo al de al lado, creo, sin implicar que tengas que ayudarles a nada si no quieres. Eso es lo que al final es lo que odio más en cualquier persona, ese “me vale madre”, esa actitud que muchos, tristemente, consideran “más inteligente” y es más bien pobre y estúpida.

Eso es lo que me caga. Bueno, y el reggaeton. Y el pescado, odio el pescado.

El gato que está triste y azul

Miren, lo siguiente produjo dos efectos en mí. El primero, risa. El segundo, fue una confirmación de que hay demasiada gente en este mundo en la que no se puede confiar ni cinco minutos. Yo no lo haría con los sujetos que escriben en el sitio que voy a presentarles.

Resulta que a alguien se le ocurrió abrir un foro para (redoble) la gente que está deprimida porque no puede vivir en Pandora, el mundo en el que se desarrolla Avatar, pueda compartir sus sentimientos. No estoy bromeando, es algo que existe en este universo en el que ustedes y yo nos movemos. Lo voy a repetir: hay gente que se deprime porque no vive en una selva generada por computadora.

Aquí es en donde ustedes se vuelven dos puntos + o mayúscula.

Entre las soluciones que se proponen para librarse de tales oscuras sensaciones, es ir a ver la película una y otra vez. Háganme el puto favor. Otra de las terapias propuestas es ¡escribir una secuela! Lo cual no creo que sea muy complicado. Un niño de tres años, con mocos secos bajo la nariz, podría escribir una segunda parte con mejor estructura dramática que la primera, sin pedos.

Yo no culpo a la película, ni a Cameron. En serio. Es equivalente a echarle la culpa a Doom de las balaceras en escuelas gringas, a López Obrador de que Juanito llegara a Iztapalapa o a Dragon Ball de las madrizas que se pusieron muchos niños, adolescentes y adultos. No. La culpa es de los pendejos que agarraron un par de pistolas y rociaron de balas a sus compañeros de Columbine, de los imbéciles que votaron por un retrasado mental y de los cabrones que no terminan de entender que una caricatura (y no me da la gana decirle anime ahorita) no puede ser trasladada a la realidad.

La culpa es de la gente idiota que quiere seguir siendo idiota ad infinitum. Cada quien tiene la decisión de ser o no ser un perfecto estúpido, a menos, claro, de que tenga alguna condición que degenere sus células cerebrales diariamente a alta velocidad.

La traducción de una de las entradas, el link al foro y un video que no tiene nada que ver, excepto por el título, a continuación.

La primera vez, después de que desperté al día siguiente de verla, “tenía” que verla de nuevo. La he visto cuatro veces ya y pronto una quinta. Pienso que verla me quita la depresión, porque cuando la estoy viendo, no sé cómo describirlo, pero se siente bien. Sólo quiero olvidarme de todo ello en ocasiones, quitar mi wallpaper de Avatar, dejar de leer acerca de ella y lo que sea, pero no puedo.

Tengo que usar una cita de la película a veces, supongo, “tarde o temprano, siempre tienes que despertar”.

Escuché que escribir una secuela ayuda, pero simplemente no puedo competir con lo ya hecho.

No sé si haya adictos a Wold of Warcraft leyendo, pero después de ver Avatar, perdí los deseos de jugar (y, confíen en mí, es como ser adicto a cualquier droga)

Espero que esto pase con el tiempo, pero si alguien tiene algunas recomendaciones de como superarlo, me encantaría escucharlas.

El link al foro está aquí

La nota la vi en I Heart Chaos

Hic

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Creo que es una de las onomatopeyas que más risa me da. Cuando la veía en alguna tira cómica, me provocaba una risa tarada.

Ahora, en el mundo real, esto no me parece nada gracioso. Miren, yo nunca he tenido un problema con que la gente beba. Yo lo hago (no me emborracho) y creo que si se te antoja un trago, puedes procurártelo. El problema viene cuando, además de beber, hay imbéciles que deciden ponerse detrás del volante de sus autos y cruzar la ciudad en ese estado.

Nunca he tenido un accidente relacionado con el alcohol. No conozco a nadie que haya estado en uno. Y preferiría que esa estadística se mantenga así para siempre. Pero no dejo de leer cuántas muertes, accidentes y problemas son causados prácticamente todos los días porque a algún (a) idiota se le ocurrió tomarse más de cuatro tequilas, agarrar su auto y dirigirse a cualquier lado.

Creo que es un asunto de sentido común. Si estás decidido a terminar en el piso y ahogado en tu vómito, no seas imbécil. Toma un taxi, hazlo en tu casa, quédate en un hotel. Pero no arriesgues la vida del resto de la gente que está circulando por las calles sólo porque se te antoja. Si aún así decides manejar, te deseo que choques, quedes mutilado y causes la menor cantidad de daño posible a terceros. No, en serio, te lo deseo de todo corazón.

Y para esos tres, cuatro followers que tengo en Twitter que cada fin de semana le avisan a sus contactos en cuáles calles está el operativo de alcoholímetro para que lo puedan eludir, les tengo un deseo navideño muy especial: disentería. En pleno Periférico a las seis de la tarde, en carriles centrales. Y que chinguen, en repetidas ocasiones, a su bomba madre.

Merry Christmas!

Ah, y por cierto, Arthur es una película. Es decir, no es real. Es falsa. Apócrifa. Es de mentiritas. Nadie puede hacer lo que hace Dudley Moore sin partirse la madre.